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11. Rechazo de toda clase de impureza.

Además de reprobar esas irregularidades -pecados- sexuales, el A.T. advierte contra el riesgo de dejarse llevar por el instinto sexual. Abundan los textos que destacan los males que se siguen cuando el hombre se guía, instintivamente, por la sexualidad: Los Proverbios sentencian que la lujuria “es amarga como el ajenjo y mordaz como espada de dos filos”. Y quien se deja dominar por ella, “al final gemirá, cuando se haya consumido la carne de tu cuerpo” (Prov 5, 3-11).

A este respecto, es muy significativo el siguiente texto que acusa los males que produce la lujuria:

“Dos clases de gente multiplican los pecados y la tercera atrae la ira: el alma ardiente como fuego encendido, no se apagará hasta consumirse; el hombre impúdico (libidinoso) en su cuerpo carnal: no cesará hasta que su cuerpo le abrase. Para el hombre impúdico todo pan es dulce, no descansará hasta haber muerto. El hombre que su propio lecho viola y que dice para sí: “¿Quién me ve?; la oscuridad me envuelve, las paredes me encubren, nadie me ve, ¿qué he de temer?; el Altísimo no se acordará de mis pecados”… no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más brillantes que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran los rincones más ocultos” (Eclo 23,16-19).

En este texto, se “condena la fornicación, el adulterio y, según exégetas, el pecado solitario… La mano del masturbador ha de ser cortada in situ, exigía R.Tarfón (c.100 d.C.)”

Una pregunta queda pendiente al final de esta exposición: ¿Este rigor moral supone un concepto pecaminoso del sexo en el A.T.? La respuesta es negativa. Es cierto que, en dependencia de la cultura ambiental, cabría citar algunos aspectos negativos. El c.15 del Levítico, por ejemplo, hace el elenco de ciertas “impurezas sexuales”: las relacionadas con los “flujos seminales” del hombre y de la mujer. Pero una lectura atenta del texto destaca que, más que los “derrames naturales”, el Levítico condena las enfermedades contagiosas. De aquí la minuciosidad en detallar las purificaciones a que están sometidos los varones que las padezcan. Lo mismo cabe decir respecto a la menstruación de la mujer (cfr. vv.19-24), si bien contempla algunas situaciones de enfermedad (vv.25-27). También se reconocen cultualmente impuros los esposos que hayan mantenido relaciones sexuales (v.18). Pero, como enseñan los exégetas, esas advertencias tienen como motivo último la concepción de que todo lo referido a la sexualidad y a la procreación tiene en la cultura bíblica un carácter misterioso y sagrado

De aquí que esas “impurezas” se consideren como “impurezas cultuales”.

Pero, en conjunto, más bien cabe subrayar el sentido positivo de la sexualidad en la Biblia. Por eso estaba prohibida la automutilación, lo que sería castigado con la expulsión de la comunidad (Dt 23,2). Sobre todo, el valor bíblico de la sexualidad está presente en las narraciones amorosas -tan frecuentes- entre el hombre y la mujer, que son tomadas como modelo del amor de Yahveh a su pueblo. Símbolo de esa sensibilidad es el Cantar de los Cantares. La descripción, por ejemplo, en la que el hombre “conoce” a la mujer, sin turbación alguna, se entiende como plenitud de encuentro personal: es un modelo de la aprobación sin reticencias de la vida sexual. En general, la presentación de la relación sexual entre el hombre y la mujer en el pensamiento bíblico contrasta con las reservas que mantenían las religiones paganas de la época y el neoplatonismo del mundo cultural griego

En resumen, la moral sexual del A.T. responde al proyecto inicial de Dios de que “no es bueno que el hombre esté solo” (Gén 2,18). No obstante, como consecuencia de las desviaciones a que dan lugar las pasiones, la normativa moral es muy rigurosa. Impresiona la lectura del c.20 del Levítico. En él, después de una extensa lista de pecados y costumbres sexuales “abominables” que practicaban los pueblos paganos, se advierte al pueblo judío que no caiga en los mismos pecados. Con este fin se urge severamente el cumplimiento de una serie de preceptos que regularán la conducta sexual de los israelitas. de ellas” (Lev 20,22-23).