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25. Realismo:

Esta virtud lleva a saber valorar y disfrutar con lo que se tiene; a una sana autocrítica, esperanzada, objetiva y positiva. La autocrítica es una especie de desconfianza inteligente sobre nuestra propia conducta en la que suele haber:

  • Contradicciones: por ejemplo, del que afirma: “quiero aprender inglés, pero no voy a clase”.
  • Precipitaciones: “Me he matriculado en la primera Academia de inglés que he visto por la calle y ahora he descubierto que es la peor de la ciudad”.
  • Juicios equivocados de intenciones: “Me da la impresión de que mis padres quieren que aprenda inglés sólo para librarse de mí por las tardes”.
  • Acciones que son fruto de la soberbia, de la frivolidad, del mal humor o del pesimismo: Como ha perdido mi equipo de fútbol, que era el Manchester, ahora ya no me interesa el inglés”.
  • Prejuicios:Es muy raro aprender bien un idioma a mi edad, con 16 años. Es mejor que lo deje”.
  • Descalificaciones generales. “Lo tengo comprobado: todos los profesores de inglés son unos incompetentes”.
    Es necesario tener un sentido ajustado de la realidad, de lo contrario surgen conflictos innecesarios. Ya la vida nos depara sufrimientos ineludibles, no añadamos con nuestra inmadurez más dificultades a la existencia.

    El hombre y la mujer madura no piden a la vida más que lo que esta puede dar, no se crean falsas expectativas. (M. A. Martí. La Madurez)

Hay también un realismo en las aspiraciones, que lleva a no caer en la espiral de una vida desmesuradamente activa, como señalá M. A. Martí.

Esta sociedad nuestra -a la que tantas veces aceptamos acriticamente- se manifiesta muy exigente a la hora de pedirnos cosas. Si es malo no tener aspiraciones, también lo es no encontrar nunca techo en lo que se desea. No siempre el adverbio más es el que nos conviene.

La ambición -incluso a nivel de curriculum– es un vicio. Saber  conformarse con lo que se posee, no es una actitud propia de los débiles, sino de los prudentes. Disfutar pacíficamente de lo alcanzado es -no lo olvidemos- saber explotar el éxito.

Y este disfrute pocos lo saborean, porque cuando vienen a darse cuenta ya es tarde. (M. A. Martí, La Madurez)