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CUIDAR DETALLES

Recordemos que también se pueden quebrantar las leyes del pudor sin mostrar siquiera un centímetro de epidermis. Basta, por ejemplo, usar una talla menor a la que corresponde; resaltar o remarcar de un modo u otro aquellas unidades anatómicas que llamábamos más impersonales e inexpresivas de lo que la persona en el fondo es; ceñir blusas, camisas, faldas, pantalones…

De otra parte, todo el mundo sabe que un levísimo gesto intencionado puede desencadenar una tempestad. Hay que estar, por tanto, en los detalles del atuendo y del gesto. El pudor, como toda virtud, estriba de ordinario en pequeñas cosas, en las que hay que estar tanto como en las grandes: quien es fiel en lo poco, también lo es en lo mucho (cf. Lc 17, 1O)

Y todo esto vale para la vida en casa, en familia, ante los hermanos, hermanas, padres, madres, primos, vecinos… Que tampoco son de piedra y, por si no bastara esta razón, merecen que nos presentemos con la dignidad propia de personas que se saben hijos de Dios.

Sobre todo cuando el sentido común se enriquece con el sentido sobrenatural, resulta fácil saber cómo adecuar el atuendo, el gesto, la postura a cada circunstancia y descubrir aquellos rasgos de la moda que no se ajustan al aspecto que debe ofrecer la persona en cada situación .

El pudor, hemos dicho, es un sentimiento natural, pero requiere una delicada educación, como acontece con tantas otras cosas. Nadie duda de que robar es transgredir una ley natural y divino positiva. Sin embargo hay que enseñar a los niños a no apoderarse de lo ajeno y, cuando esto se hace, nadie medianamente sensato piensa que se comete un atentado a la libertad del niño, ni que se le va a crear un trauma tremebundo, sino que se está ayudando a la naturaleza y a la persona a conseguir sus propias metas, a la realización de sus más altas posibilidades.

Pues bien, decir que el sentido del pudor debe ser educado, y que requiere un cierto esfuerzo de atención, y en ocasiones lucha ascética, pasar más o menos calor, etcétera, no es negar su índole natural, sino más bien todo lo contrario: es afirmar que la traición a ese sentido es traición a la naturaleza, y no cabe duda de que, cuando la naturaleza se encuentra traicionada, se venga siempre y el traidor lo paga caro.

Una obra de misericordia

Tenemos pues por delante una gran obra de misericordia que hacer: vestir al/las desnudo/as. Verdaderamente la sociedad debiera ser más misericordiosa, comenzando por sus más altos dignatarios…