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6. Autonomía, sentido de la solidaridad y capacidad de independencia.

  • Una persona madura es la que se esfuerza por conjugar sabiamente, con equilibrio, un espíritu de solidaridad con los demás con un sentido de la legítima autonomía e independencia.
  • Ser autónomo no es lo mismo que ser egoistamente independiente, insolidario o individualista: “la persona que vive su vida al margen de los demás”.
  • Ser autónomo significa no depender para todo de los demás, ni recurrir por principio a los demás para que resuelvan los problemas que debemos resolver por nosotros mismos. La persona autónoma aprende a correr riesgos, a asumir sus errores, a “sacarse las propias castañas del fuego”.
  • Tener capacidad de independencia lleva a pedir ayuda cuando se necesita, pero no por principio. Obrar o buscar una excesiva independencia de los demás suele ser muestra de inmadurez, lo mismo que no saber pedir ayuda puede ser muestra de vanidad.
  • El sentido de la independencia lleva a no sobrevalorar excesivamente las opiniones contradictorias de los demás, y a quitarle importancia al qué dirán.
  • Forma parte de esta y de otras virtudes el no compararse con los demás, que suele llevar al rencor, a la envidia y en casos extremos a culpabilizar a los compañeros, al Colegio, al Instituto, al Ayuntamiento, al Planeta entero porque a uno le han suspendido… la asignatura de inglés.
  • Sobre la solidaridad: contar con los demás

24. Ponderación:

Lleva a juzgar sólo cuando se poseen los elementos de juicio necesarios, después de haber oído a las “dos campanas”; y a tener paciencia con las cosas que marchan mal, sin la tentación de querer “ reformarlo todo y enseguida”.

La persona ponderada no da demasiada importancia a lo que no la tiene; asume los riesgos de la vida, afronta las dificultades a su tiempo; evalúa bien sus propios logros personales y no agranda ni sus éxitos ni sus fracasos.

La persona ponderada evita los extremismos; las hipersensibilidades; las reacciones desorbitadas ante los fallos, agravios y ofensas; la agresividad desbocada; las manifestaciones desmedidas de afecto, de enfado, de alegría, de ira, de entusiasmo.

La autoeducación en la virtud de la reciedumbre


Para autoeducarse en la reciedumbre humana y espiritual, interior y exterior, se necesitan virtudes muy similares a la de los ginnastas:
  • Cultivar la paciencia: no se hace con perfección un ejercicio ginnástico a la primera
  • No se puede desear quererlo todo y ahora: hay que aprender a esperar, sin desánimos, sabiendo que dificultades no se superan en un momento.
  • Cultivar la paciencia con nuestros propios defectos: aceptarlos, pero sin claudicar ante ellos.
  • Y tener paciencia con los defectos de los demás, que con frecuencia imaginamos o exageramos.

  • Esforzarse por ganar en entereza y decisión ante las dificultades: todos los gimnastas se han caído alguna vez
    • Se gana en entereza poco a poco, aprendiendo a no desconcertarse excesivamente cuando las cosas no salen exactamente como esperábamos.
  • Proponerse ganar en realismo: en conocimiento de la propia realidad y lo que nos rodea. Como los gimnastas, no podemos lograr todas las metas: sólo aquellas que con mucho esfuerzo están a nuestro alcance.

Ejemplo: un estudiante que se propone aprender inglés.

  • La prudencia le llevará a saber que existen dificultades. No es optimismo, sino falta de realismo, pensar: Aprenderé inglés en diez días.
  • Esa misma prudencia le llevará a valorar las dificultades en su justa medida, sin agrandarlas. No tendría sentido pensar, tras el primer examen: Me han suspendido: ¡jamás aprenderé inglés!
  • Medir bien sus fuerzas reales. No es audaz sino poco realista, el que discurre así: este año voy a aprender inglés, francés, alemán, sueco y portugués.
  • Esforzarse por superar las dificultades de la forma y en el tiempo adecuado. Voy a aprender inglés, aunque no tengo ningún libro, ni academia, ni método, ni profesor de inglés.
  • Rechazar la tentación del victimismo y de la autocompasión, del espíritu de queja, que con frecuencia son excusas para la pereza. Tengo tiempo para estudiar, pero eso me exigiría esforzarme y no tengo oido para los idiomas. No voy a estudiar inglés. Qué pena:¡con lo que me ilusionaba!
  • Se trata, en resumen: aceptar la realidad de la vida:

— no entendemos siempre todo lo que nos sucede.

— no se encuentra siempre una explicación rápida y sencilla de todo.

  • Buscar el equilibrio a la hora de actuar
    • El ideal es actuar atendiendo con equilibrio a las razones de la cabeza y del corazón, sin emotivismos.
  • Cultivar la reciedumbre en el hablar, que lleva a:
  • Defender de forma excesivamente apasionada nuestras opiniones personales.
  • Intentar imponer nuestras opiniones a los demás.
  • No dar nuestra opinión innecesariamente, venga o no a cuento.
  • Darles a nuestras opiniones personales el valor relativo que tienen.
  • Acostumbrarse a conversar con personas de diversas opiniones, o de opinión diversa a la nuestra, sin buscar que siempre nos den la razón.
  • No caer en la verborrea o incontinencia verbal.
  • Esforzarse por escuchar a los demás.
  • Pasar por alto modos de decir de los demás que no sean del todo exactos, sin hacer puntualizaciones puntillosas, corrigiendo constantemente expresiones, fechas, datos inexactos.
  • Evitar la ironía, los autoritarismos, que tanto distancian de los demás.
  • Reciedumbre ante las molestias y enfermedades
    • No hacer de la enfermedad un espectáculo, que contamos a todos, para que todos nos compadezcan y estén preocupados de nosotros, sin soportar que lo pasen bien mientras nosotros estamos molestos.
    • Aprender a contar lo que nos sucede a las personas oportunas yde la forma oportuna.
    • Ser pacientes y aceptar las recomendaciones del médico aunque nos cuesten. Supone más reciedumbre obedecer al médico y permanecer en cama que levantarse con fiebre, porque no nos apetece quedarnos en la cama.

  • Asumir las incertidumbres y riesgos de la vida
  • Decidirse y elegir: no elegir ya es una forma de elegir.
  • Cultivar la autoestima, la seguridad en uno mismo.
  • Actuar sin miedo excesivo a equivocarse y a fracasar.
  • No tomar más previsiones que las necesarias. El deseo de “amarrarlo todo muy bien” puede reflejar un miedo excesivo al fracaso.
  • Toda elección supone un riesgo, que conviene asumir con sencillez y espíritu deportivo.

  • Asumir los fracasos, reconocer los propios errores

  • Los fracasos forman parte de nuestra vida: no conviene exagerar su alcance.
  • La fortaleza lleva a aprender a reconocer los propios errores, las equivocaciones personales, sin desviar la culpa hacia los demás: los padres, los profesores, los amigos, las circunstancias.