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¿Qué nivel intelectual debe tener la formación cristiana?

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Un nivel similar al que cada persona tiene en otras esferas de su vida. Un estudiante universitario, por ejemplo, deberá profundizar intelectual y vitalmente, en las enseñanzas de Cristo y de la Iglesia con un nivel adecuado a la formación universitaria que ha recibido.

No le bastará por ejemplo, con conocer las respuestas que da el Compendio del Catecismo: como buen universitario deberá consultar el texto más amplio del Catecismo de la Iglesia Católica, leer buenos libros de Teología y profundizar sobre determinados aspectos de la fe.

Por ese camino podrá responderse adecuadamente a sí mismo sobre los puntos capitales de la fe y podrá responder a sus compañeros de Universidad cuando le pregunten sobre diversos aspectos del mensaje de Cristo.

Los santos han valorado muy especialmente esa formación doctrinal.

Santa Teresa buscaba siempre directores espirituales que fuesen piadosos y doctos.

Escribe san Josemaría en Forja, 450. Necesitas vida interior y formación doctrinal. ¡Exígete! —Tú —caballero cristiano, mujer cristiana— has de ser sal de la tierra y luz del mundo, porque estás obligado a dar ejemplo con una santa desvergüenza.

—Te ha de urgir la caridad de Cristo y, al sentirte y saberte otro Cristo desde el momento en que le has dicho que le sigues, no te separarás de tus iguales —tus parientes, tus amigos, tus colegas—, lo mismo que no se separa la sal del alimento que condimenta.

Tu vida interior y tu formación comprenden la piedad y el criterio que ha de tener un hijo de Dios, para sazonarlo todo con su presencia activa.

Pide al Señor que siempre seas ese buen condimento en la vida de los demás.

El cardenal Ratzinger escribía, a propósito del Catecismo de la Iglesia:

“Cuándo me pregunto por qué se vacían nuestras iglesias, por qué la fe se va apagando silenciosamente, me respondo que la causa esencial es ese vaciamiento de la figura de Jesús, unido a una formulación deista del concepto de Dios. El sucedáneo de Jesús que se ofrece, más o menos romántico, no es suficiente. Le falta realidad y cercanía. (…)

La catequesis cristológica del Catecismo no puede ser una teoría puramente intelectual. Su fin es la vida cristiana y conduce -como presupuesto para la vida cristiana- a la oración y la liturgia. (…)

Ante Dios no somos una masa gris. Ni lo somos, ni lo fuimos ante Cristo. Él recorrió verdaderamente su camino también para mí, y esa certeza puede acompañarme en todos los periodos de mi vida, en mis éxitos y mis fracasos; en mis esperanzas y sufrimientos.

El recorrió su camino por mí y por todos los que entran en mi vida: también a ellos los amó, y por ellos se entregó, como me amó y me ama a mí.

La evangelización se hará realidad cuando volvamos a aprender a creer esto; cuando lo anunciemos a los demás como el mensaje de la verdad. Comprenderemos entonces que el Reino de Dios está cerca y de esa cercanía surgirá la fuerza para vivir y para actuar” (Discurso ante la Comisión Pontificia para América Latina, Febrero, 1994).