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27. Yo he meditado alguna vez, pero es muy costoso.

  • Es cierto: habitualmente, la oración cuesta. Otras veces no, porque el Señor nos da su gracia. Recuerda lo que les dijo el Señor a los Apóstoles cuando les vencía el sueño en el Huerto de los Olivos y dejaron de rezar, porque les costaba.
  • Por eso, hay que aprender a meditar. Es muy bueno unirse en la oración personal, a la oración de un sacerdote que medita en voz alta su oración personal junto al Sagrario. Así se aprende a hacer oración personal.
  • La tentación más frecuente de dejar la oración proviene, como enseña el Catecismo (2732) por la falta de fe: siempre nos parece que tenemos algo más urgente y práctico que hacer antes que ponernos a rezar…
  • Cuando viene la dificultad es el momento de la fe y la perseverancia: “El grano de trigo, si (…) muere, da mucho fruto” (Juan, 12, 24)
  • Díle al Señor que sólo quieres hacer su Voluntad. Pídele ayuda al Espíritu Santo, para que inflame tu corazón en amor. Pídele ayuda a la Virgen para que te enseñe a hacer oración, y a San José, para que te ayude a tratar a Jesús como le trataba él.
  • Pidele ayuda a tu ángel Custodio, y a los santos a los que le tengas devoción.
  • Con el paso del tiempo, podrás ir llevando a la oración los misterios de la fe, y a cada una de las Tres divinas personas, hasta llegar a lo que decía el Santo Cura de Ars: “Me fijo en nuestro Señor que está en el Sagrario y Él se fija en mí”.
  • La oración es un camino que lleva hasta la cumbre del Amor a Dios. Hay que caminar con fe, dejándose llevar por la gracia, quitando obstáculos, con la confianza y la esperanza en el gozo de la Trinidad, del Amor Pleno.