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¿Qué fin persigue la formación cristiana?

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La santidad, la identificación con Cristo. La formación debe ayudar a que la gracia actúe en el alma, forjando en el cristiano un hombre que viva del Evangelio y un evangelizador. El mundo está sediento de santos y de apóstoles, porque son ellos los que traen al mundo la verdadera paz, la verdadera alegría. Son ellos los que nos muestran el verdadero sentido de la vida -dar gloria a Dios en todo- y la Belleza del Amor de Cristo.

San Josemaría:

“Pienso, efectivamente, que corren un serio peligro de descaminarse aquellos que se lanzan a la acción —¡al activismo!—, y prescinden de la oración, del sacrificio y de los medios indispensables para conseguir una sólida piedad: la frecuencia de Sacramentos, la meditación, el examen de conciencia, la lectura espiritual, el trato asiduo con la Virgen Santísima y con los Angeles custodios…

Todo esto contribuye además, con eficacia insustituible, a que sea tan amable la jornada del cristiano, porque de su riqueza interior fluyen la dulcedumbre y la felicidad de Dios, como la miel del panal. “(Amigos de Dios. La grandeza de la vida corriente, 18)

Juan Pablo II. Encíclica Redemptoris missio

mision_clip_image002_0000El Señor Jesús envió a sus Apóstoles a todas las personas y pueblos, y a todos los lugares de la tierra. Por medio de los Apóstoles la Iglesia recibió una misión universal, que no conoce confines y concierne a la salvación en toda su integridad, de conformidad con la plenitud de vida que Cristo vino a traer (cf. Jn 10,10); ha sido enviada « para manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos ».

Esta misión es única, al tener el mismo origen y finalidad; pero en el interior de la Iglesia hay tareas y actividades diversas. Ante todo, se da la actividad misionera que vamos a llamar misión ad gentes, con referencia al Decreto conciliar: se trata de una actividad primaria de la Iglesia, esencial y nunca concluida.

En efecto, la Iglesia « no puede sustraerse a la perenne misión de llevar el Evangelio a cuantos —y son millones de hombres y mujeres— no conocen todavía a Cristo Redentor del hombre. Esta es la responsabilidad más específicamente misionera que Jesús ha confiado y diariamente vuelve a confiar a su Iglesia ».