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7. Decreto sobre un milagro del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer

El Beato Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro (España) el 9 de enero de 1902. En 1925 fue ordenado sacerdote en Zaragoza. El 2 de octubre de 1928, por inspiración divina, fundó el Opus Dei, con el que abría a los fieles de todas las condiciones un nuevo camino de santificación y de apostolado en medio del mundo, en el ejercicio amoroso del trabajo profesional y en el cumplimiento fiel de los deberes ordinarios. Falleció en Roma el 26 de junio de 1975, rodeado de amplia fama de santidad. El 17 de mayo de 1992, el Santo Padre Juan Pablo II lo beatificó solemnemente en la plaza de San Pedro.

También después de la solemne beatificación han sido numerosas las curaciones prodigiosas atribuidas a la intercesión del Beato Josemaría. Una de éstas es la del doctor Manuel Nevado Rey, cirujano traumatólogo de 60 años, que sanó de modo rápido, completo y duradero de una enfermedad en las manos que la Consulta Médica de la Congregación de las Causas de los Santos ha descrito como “Cancerización radiodermítica crónica grave de tercer grado en fase irreversible”. La enfermedad se había desarrollado a lo largo de treinta años, sin que en ese tiempo se hubiera aplicado ninguna terapia, y su pronóstico era infausto.

Sobre la prodigiosa curación, ocurrida en el mes de noviembre de 1992 en Almendralejo (España), la Curia arzobispal de Badajoz instruyó del 12 de mayo al 4 de julio de 1994 la investigación diocesana, que obtuvo el decreto de validez de la Congregación de las Causas de los Santos el 26 de abril de 1996.

A continuación, según las prescripciones del derecho, el caso fue sometido al examen de la antedicha Consulta Médica, que en la sesión del 10 de julio de 1997 declaró por unanimidad que la curación del doctor Nevado era científicamente inexplicable.

Se procedió luego al examen teológico de la curación: primero, en el Congreso Peculiar de los Consultores Teólogos, celebrado el 9 de enero de 1998; después, el 21 de septiembre de 2001, en la Congregación Ordinaria de los Padres Cardenales y Obispos, en la que intervino como Ponente el Emmo. Card. Pio Laghi. Los dos organismos dieron respuesta positiva unánime acerca de la existencia del milagro y de su atribución al Beato Josemaría Escrivá.

Recibida por el abajo firmante Cardenal Prefecto una esmerada y fiel relación de todo lo anterior, el Sumo Pontífice Juan Pablo II, acogiendo y ratificando el parecer de la Congregación, ha ordenado que se prepare el decreto sobre dicha curación prodigiosa.

Cumplida tal disposición y convocados en la fecha de hoy el Cardenal Prefecto, el Ponente de la Causa, el Secretario abajo firmante y otros, según la praxis acostumbrada, en su presencia el Santo Padre ha declarado: Existen pruebas del milagro obrado por Dios, mediante la intercesión del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, Sacerdote, Fundador del Opus Dei, esto es, de la curación muy rápida, completa y duradera del doctor Manuel Nevado Rey de una cancerización radiodermítica crónica grave de tercer grado, en fase irreversible.

El Santo Padre ha dispuesto que este decreto sea dado a conocer y que se incluya en las actas de la Congregación de las Causas de los Santos.

Roma, 20 de diciembre de 2001.

JOSÉ Card. SARAIVA MARTINS

Prefecto

EDWARD NOWAK

Secretario

9.5 Discurso del Papa Juan Pablo II a los participantes en la canonización

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Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Con alegría os dirijo mi cordial saludo, al día siguiente de la canonización del beato Josemaría Escrivá de Balaguer. Agradezco a mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, las palabras con las que se ha hecho intérprete de todos los presentes. Saludo con afecto a los numerosos cardenales, obispos y sacerdotes que han querido participar en esta celebración.

Para este encuentro festivo se ha unido una gran multitud de fieles, procedentes de numerosos países y pertenecientes a los ambientes sociales y culturales más diversos: sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, intelectuales y trabajadores manuales. Es un signo del celo apostólico que ardía en el alma de San Josemaría.

2. En el Fundador del Opus Dei destaca el amor a la voluntad de Dios. Existe un criterio seguro de santidad: la fidelidad en el cumplimiento de la voluntad divina hasta las últimas consecuencias. El Señor tiene un proyecto para cada uno de nosotros; a cada uno confía una misión en la tierra. El santo no logra ni siquiera concebirse a sí mismo fuera del designio de Dios: vive sólo para realizarlo.

San Josemaría fue elegido por el Señor para anunciar la llamada universal a la santidad y para indicar que la vida de todos los días, las actividades comunes, son camino de santificación. Se podría decir que fue el santo de lo ordinario. En efecto, estaba convencido de que, para quien vive en una perspectiva de fe, todo ofrece ocasión de un encuentro con Dios, todo se convierte en estímulo para la oración. La vida diaria, vista así, revela una grandeza insospechada. La santidad está realmente al alcance de todos.

3. Escrivá de Balaguer fue un santo de gran humanidad. Todos los que lo trataron, de cualquier cultura o condición social, lo sintieron como un padre, entregado totalmente al servicio de los demás, porque estaba convencido de que cada alma es un tesoro maravilloso; en efecto, cada hombre vale toda la sangre de Cristo. Esta actitud de servicio es patente en su entrega al ministerio sacerdotal y en la magnanimidad con la cual impulsó tantas obras de evangelización y de promoción humana en favor de los más pobres.

El Señor le hizo entender profundamente el don de nuestra filiación divina. Él enseñó a contemplar el rostro tierno de un Padre en el Dios que nos habla a través de las más diversas vicisitudes de la vida. Un Padre que nos ama, que nos sigue paso a paso y nos protege, nos comprende y espera de cada uno de nosotros la respuesta del amor. La consideración de esta presencia paterna, que lo acompaña a todas partes, le da al cristiano una confianza inquebrantable; en todo momento debe confiar en el Padre celestial. Nunca se siente solo ni tiene miedo. En la Cruz -cuando se presenta – no ve un castigo sino una misión confiada por el mismo Señor. El cristiano es necesariamente optimista, porque sabe que es hijo de Dios en Cristo.

4. San Josemaría estaba profundamente convencido de que la vida cristiana entraña una misión y un apostolado: estamos en el mundo para salvarlo con Cristo. Amó apasionadamente el mundo, con un “amor redentor” (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 604). Precisamente por eso, sus enseñanzas han ayudado a tantos cristianos corrientes a descubrir la fuerza redentora de la fe, su capacidad de transformar la tierra.

Éste mensaje tiene numerosas implicaciones fecundas para la misión evangelizadora de la Iglesia. Fomenta la cristianización del mundo “desde dentro”, mostrando que no puede haber conflicto entre la ley divina y las exigencias del genuino progreso humano. Este sacerdote santo enseñó que Cristo debe ser la cumbre de toda actividad humana (cf Jn 12,32). Su mensaje impulsa al cristiano a actuar en los lugares donde se está forjando el futuro de la sociedad. De la presencia activa del laico en todas las profesiones y en las fronteras más avanzadas del desarrollo sólo puede derivar forzosamente una contribución positiva para el fortalecimiento de esa armonía entre fe y cultura, que es una de las mayores necesidades de nuestro tiempo.

5. San Josemaría Escrivá dedicó su vida al servicio de la Iglesia. En sus escritos, los sacerdotes, los laicos que siguen los caminos más diversos, los religiosos y las religiosas encuentran una fuente estimulante de inspiración. Queridos hermanos y hermanas, al imitarle con una apertura de espíritu y de corazón, dispuestos a servir a las Iglesias locales, estáis contribuyendo a dar fuerza a la “espiritualidad de comunión”, que la carta apostólica Novo millennio ineunte indica como uno de los objetivos más importantes para nuestro tiempo (cf. nn. 42-45).

Me complace concluir refiriéndome a la fiesta litúrgica de hoy, Nuestra Señora del Rosario. San Josemaría escribió un hermoso opúsculo titulado Santo Rosario que se inspira en la infancia espiritual, disposición del alma propia de quienes quieren llegar a un total abandono en la voluntad divina. De todo corazón os encomiendo a la protección maternal de María a todos vosotros, así como a vuestras familias y a vuestro apostolado, agradeciendo vuestra presencia.

6. Doy las gracias de nuevo a todos los presentes, especialmente a los que han venido de lejos. Queridísimos hermanos y hermanas, os invito a dar por doquier un testimonio luminoso de fe, según el ejemplo y las enseñanzas de vuestro santo fundador. Os acompaño con mi oración y os bendigo de todo corazón a vosotros, a vuestras familias y vuestras actividades.