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El tiempo en el apostolado. Paciencia y urgencia apostólica: es Dios quien marca el ritmo

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El apóstol procura vivir en el presente, sabiendo que las personas que le rodean constituyen la generación que debe acercar a Cristo.De ahí nace la urgencia apostólica del apóstol.

Pero los tiempos son de Dios: el apostolado no es una carrera de rallyes: se trata de ir al paso de Dios, al ritmo de Dios, por sus circuitos, tomando las curvas con Él.

Santa Teresa de Lisieux, Novissima verba: No podré descansar hasta el fin del mundo, mientras haya almas que salvar

¡A cuántos hombres es preciso llevar todavía a la fe! ¡A cuantos hombres es preciso reconquistar para la fe que han perdido, siendo esto más difícil que la primera conversión a la fe! Sin embargo, la Iglesia, consciente siempre del don de la Encarnación de Dios, no puede nunca detenerse, no puede pararse jamás” (Juan Pablo II)
Pero la urgencia apostólica, si nace de Cristo, lleva a actuar con paciencia y serenidad, que no quiere decir lentitud.

Es propio del cristiano apóstol conjugar la urgencia evangelizadora con el saber esperar, poniendo los medios necesarios, día tras día, con paciencia y fortaleza, porque la Evangelización no se puede realizar mediante esfuerzos tibios. Eso debe llevarle:

-a no precipitar los hechos: salvo casos excepcionales, como el de André Frossard, que experimentó una conversión repentina fruto de una gracia excepcional, lo habitual es que las personas sigan un itinerario de acercamiento a Cristo con fases graduales.

San Josemaría enseñaba que, si se ayuda a las almas con un trato apostólico constante, “las almas, como el buen vino, se mejoran con el tiempo” (Amigos de Dios, 78).

– a ir al paso de Dios. Como la acción evangelizadora no una táctica, sino fruto del amor a Cristo, el apóstol debe esperar, con plena confianza y sin desánimos.

Cada alma tiene su propio tiempo. Porque confía en la gracia, el apóstol debe tener la humildad de ser siempre optimista. El Señor tiene sus caminos para cada alma: caminos personales y misteriosos: unas veces, rápidos y veloces; otras veces, lento.