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¿Para qué misión llama Dios a los laicos cristianos?

La misión del Cuerpo Místico de Cristo es “anunciar y establecer en todos los pueblos el Reino de Cristo y de Dios” (Lumen Gentium, 5).


Los laicos deben ser sal y luz

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa ¿con qué se salará? No vale sino para tirarla fuera y que la pisotee la gente. Vosotros sois la luz del mundo.

No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; ni se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa.

Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos. Mateo 5, 13-16

  • La Iglesia recuerda en el Catecismo que los laicos tienen una misión: buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios. Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura” (Marcos, 16,15)
  • Los laicos deben procurar santificar el mundo, actuando como el fermento en la masa. Para eso deben evangelizar la sociedad, llevar a cabo un apostolado lleno de esperanza, de fe, de alegría y confianza en Dios.

    Ser sal y luz es mostrar que Dios es la Verdad, la Belleza, el máximo Bien que el hombre puede alcanzar.

  • Por eso, hay que llevar a Dios a los demás, de forma verdadera y de forma atractiva y hermosa: no hay vida más maravillosa que la que se vive con y junto a Cristo, sumo Bien.

Para mí hacer apostolado supondría hacer algo raro

Hacer apostolado es normal en un cristiano. El bien es difusivo. Una persona que está enamorada desea comunicar a sus amigos esa alegría que lleva en el alma. Es lógico, es normal, que los cristianos hablen a sus amigos y a las personas con las que tienen confianza, de sus amores, de la gran alegría de su vida: saberse amados por Cristo.

273 Además: ¿quién ha dispuesto que para hablar de Cristo, para difundir su doctrina, sea preciso hacer cosas raras, extrañas?

Vive tu vida ordinaria; trabaja donde estás, procurando cumplir los deberes de tu estado, acabar bien la labor de tu profesión o de tu oficio, creciéndote, mejorando cada jornada. Sé leal, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo. Sé mortificado y alegre. Ese será tu apostolado.

Y, sin que tú encuentres motivos, por tu pobre miseria, los que te rodean vendrán a ti, y con una conversación natural, sencilla –a la salida del trabajo, en una reunión de familia, en el autobús, en un paseo, en cualquier parte– charlaréis de inquietudes que están en el alma de todos, aunque a veces algunos no quieran darse cuenta: las irán entendiendo más, cuando comiencen a buscar de verdad a Dios.

Pídele a María, Regina apostolorum, que te decidas a ser partícipe de esos deseos de siembra y de pesca, que laten en el Corazón de su Hijo. Te aseguro que, si empiezas, verás, como los pescadores de Galilea, repleta la barca. Y a Cristo en la orilla, que te espera. Porque la pesca es suya. (San Josemaría)