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Siglo XX: San Josemaría

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San Josemaría recoge en sus obras numerosas consideraciones sobre la amistad.

  • Para que este mundo nuestro vaya por un cauce cristiano —el único que merece la pena—, hemos de vivir una leal amistad con los hombres, basada en una previa leal amistad con Dios. (Forja, 943)
  • Cuando te hablo de “apostolado de amistad”, me refiero a amistad “personal”, sacrificada, sincera: de tú a tú, de corazón a corazón. (Surco, 191)
  • Sobre las malas amistades (que no merecen el nombre de amistad):

    Dime, dime: eso… ¿es una amistad o es una cadena? Camino, n. 160.

El apostolado de amistad, según san Josemaría

  • Apostolado de la confidencia. “Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo… Todo eso es “apostolado de la confidencia”. (Camino, n. 973)
  • Apostolado en la vida corriente. “Vive tu vida ordinaria; trabaja donde estás, procurando cumplir los deberes de tu estado, acabar bien la labor de tu profesión o de tu oficio, creciéndote, mejorando cada jornada. Sé leal, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo. Sé mortificado y alegre. Ese será tu apostolado. Y, sin que tú encuentres motivos, por tu pobre miseria, los que te rodean vendrán a ti, y con una conversación natural, sencilla –a la salida del trabajo, en una reunión de familia, en el autobús, en un paseo, en cualquier parte – charlaréis de inquietudes que están en el alma de todos, aunque a veces algunos no quieran darse cuenta: las irán entendiendo más, cuando comiencen a buscar de verdad a Dios. (Amigos de Dios, 273)
  • Amistad genuina. No se trata, enseña, de “instrumentalizar la amistad como táctica de penetración social: eso haría perder a la amistad el valor intrínseco que tiene; sino como una exigencia -la primera, la más inmediata- de la fraternidad humana, que los cristianos tenemos obligación de fomentar entre los hombres, por diversos que sean unos de otros» (J. Escrivá, citado en “Amistad” G.E.R.).