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¿En qué consiste la virtud de la pobreza cristiana o desprendimiento?


La virtud del desprendimiento cristiano consiste en vivir con el alma en Dios y referir todas las realidades a Dios. Una condición para lograr este objetivo es el desprendimiento del corazón, que lleva a tener el corazón sólo en el Amor, en Dios y en las cosas de Dios

2547 El Señor se lamenta de los ricos porque encuentran su consuelo en la abundancia de bienes (Lc 6,24). “El orgulloso busca el poder terreno, mientras el pobre en espíritu busca el Reino de los Cielos” (S. Agustín, serm. Dom. 1,1). El abandono en la Providencia del Padre del Cielo libera de la inquietud por el mañana (cf Mt 6,25-34). La confianza en Dios dispone a la bienaventuranza de los pobres: ellos verán a Dios.

El desprendimiento cristiano consiste unas veces en no tener, y siempre, en estar desprendido de las cosas materiales.

Si no estamos desprendidos de las cosas, de nosotros mismos, de nuestro tiempo, es difícil que le dejemos sitio a Dios en el corazón y que nos dispongamos a servir a los demás como Él quiere.

Lógicamente, el desprendimiento se refiere a la actitud ante las cosas que debemos tener y usar en lo que se refiere a las cosas necesarias; no a las superfluas, porque hay que poner los medios para no tener cosas superfluas.

El desprendimiento cristiano lleva a evitar lo superfluo, lo que sobra, de nuestra vida, contentándose con lo suficiente.

Muchos jóvenes sufren en la actualidad la avaricia de la “ropa de marca” y se crean falsas necesidades (alentados por el reclamo de la publicidad): la necesidad de estar “a la última”, de disfrutar del último avance tecnológico, de poseer el último CD del último grupo musical… La pobreza lleva a combatir la avaricia, “el deseo inmoderado de tener más” como la definía San Gregorio Magno.

Decía san Basilio “el alma avariciosa nunca se considera satisfecha”.


Ejemplos de apegamentos egoístas:

Desear tener cosas superfluas: Tengo cuatro camisetas de verano, quiero tener quince: una negra; otra, roja; otra, con rayas verdes; otra, con el escudo de mi equipo; otra, para salir con mis amigos; otra, para….

Quejarse por lo que falta: todos mis amigos lo tienen y yo no tengo el último cd; no he visto la última película; no…

Compararse con los demás: Mis amigos tienen cinco lentes, cinco gafas de sol, y yo también quiero tener cinco: unas, para esquiar; otras, para ir a la montaña; otras, para estar en la playa; otras para pasear; otras para… ¡No voy a ser menos que los demás!

Crearse falsas necesidades: Tengo que pensar en comprarme una computadora, un nuevo ordenador, porque me lo compré hace dos meses y ya anuncian por la tele un modelo nuevo con más prestaciones.

No prestar nunca nada de lo que usamos: Yo no presto nunca mis apuntes a mis amigos, por si me los pierden; ni presto la bicicleta, por si me la estropean; ni presto mi raqueta de pim-pom por si me la rompen…

Maltratar lo que se tiene: La ropa es para mí, y no yo para la ropa. Por eso, al llegar a mi casa, la tiro al suelo de cualquier manera (además, así se estropea antes y “necesito” comprarme ropa nueva).

Encerrarse en uno mismo: en esta casa no se puede ver la televisión, porque a mi hermano no le gusta el baloncesto, así que veré el partido de la NBA solo en mi cuarto, como de costumbre. No sé porque se empeñan en mi casa en que coma con todos y que llegue puntual a la hora de comer, cuando puedo comer perfectamente yo solo, sin que nadie me moleste.

Suele costar reconocer esos apegamientos egoístas del corazón:

iPero eso no es avaricia! -se argumenta en ocasiones-. ¡Realmente yo necesito esas camisetas! ¡Y esas gafas de sol! Todos mis amigos las tienen. Además, yo soy un joven de mi tiempo, estoy muy ocupado…

A esto contestan los santos:

San Francisco de Sales. No encontrarás… a uno que te reconozca que es un avaro; todos te negarán esa bajeza y ruindad de corazón, excusándose con que (…) lo prudente es conseguirse todo lo que se necesita; de forma que nunca pensarán que ya tienen demasiado (…) porque la avaricia es una fiebre prodigiosa que se siente menos en la medida en que mayor es su ardor y su violencia. (Introducción a la vida devota)
San Agustín: Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Y no queráis más. Lo demás es agobio, no alivio; apesadumbra, no levanta.