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Seguir a Cristo no significa seguir una teoría, sino seguir a una Persona, Jesucristo: es seguir al Amor.

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  • El Amor de Cristo pide una correspondencia por parte del hombre generosa y abnegada. Seguir a Cristo significa recorrer el camino estrecho, que es el camino de la felicidad.
  • Cristo envió a los Apóstoles y a los discípulos a anunciar el Evangelio a todos, y señaló que todos debemos ser pescadores de hombres. Por tanto, todo cristiano, cada bautizado, debe tener solicitud por las vocaciones. No es un afán propio de “especialistas”

Esa solicitud se manifiesta en primer lugar, en la oración por las vocaciones: “La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al señor de la mies que envíe obreros a su mies”


“La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la miés para que envíe obreros a su mies (MT, 9,37). Aún resuenan en mis oidos estas palabras, que dirigía el Santo Padre en voz alta a la multitud -y en especial a los millares de jóvenes allí presentes- reunida en la Theresienwiese.

Me conmueve aún recordar con qué profundidad les explicaba que Dios ha hecho su siembra entre los hombres; una siembra que espera que crezca y madure en ellos bajo el sol de su Verdad y de su Amor.

La mies es mucha, y en nuestros días sigue habiendo mucha mies. (…) Rogad al Señor por la mies, porque vuestro ruego no quedará desatendido. Si la tendencia estadística de estos últimos años hubiera seguido el curso ascendente previsto, sólo hubieran entrado en el conjunto de seminarios de Alemania unos 130 estudiantes de Telogía. Sin embargo entraron 542.

No hay que confiar demasiado en los números. Esas cifras ponen de manifiesto que no hay nada irreversible, que siempre es posible la novedad y que hay nuevas vías que la estadística no puede preveer, porque la potencialidad de la libertad es incalculable.

Nos hemos puesto en marcha de nuevo. Eso significa que debemos orar y tener confianza. ¡Vamos a hacerlo de todo corazón! ¡Vamos a hacerlo con el corazón vuelto hacia el Señor! ¡Vamos a hacerlo también con el corazón vuelto hacia los demás! ¡Vamos a hacerlo no sólo con nuestras palabras, sino con todo nuestro ser!

¡Animemos a los hombres, a los jóvenes, a asumir el riesgo de esta palabra y de este servicio, que es grande y difícil, y hermoso por esa misma razón!

El umbral generacional no es un obstáculo: muchos de nosotros hemos descubierto este camino (…) gracias a un anciano sacerdote”.
( J. Ratzinger, Mitarbeiter der Wahrheit)