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2. ¿En qué se basa la dirección espiritual cristiana?

  • En un sentido amplio y genérico, el acompañamiento espiritual hunde sus raíces en las recomendaciones de la Sagrada Escritura.
  • Se lee en el Antiguo Testamento:

“Trata a un varón piadoso, de quien conoces que sigue los caminos del Señor, cuyo corazón es semejante al tuyo y te compadecerá si te ve caído. Y permanece firme en lo que resuelvas, porque ninguno será para ti más fiel que él. El alma de este hombre piadoso ve mejor las cosas que siete centinelas en lo alto de una atalaya. Y en todas ellas ora por ti al Altísimo, para que te dirija por la senda de la verdad”. Ecl. 37, 15-19.

“Mas valen dos que uno solo, porque mejor logran el fruto de su trabajo. Si uno cae el otro le levanta; pero ¡ay del que está solo, que, si cae, no tiene quien le levante!” Ecl 4, 9-10.

“Sigue el consejo de los prudentes y no desprecies ningún buen consejo”. Tob 4, 18.

  • Los primeros cristianos recibieron ese acompañamiento del mismo Jesucristo.

    Dijeron los discípulos de Emaús: ¿No es verdad que nuestro corazón se enardecía, cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba la Escritura?” Lc 24, 32.

En la Iglesia primitiva ya existe la figura del hombre que acompaña en el camino hacia Dios.

San Pablo, después de su conversión, recibe este mensaje:

“Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que has de hacer […]. Fue Ananías y entró enla casa, e imponiéndole las manos, le dijo: Hermano Pablo, el Señor Jesús […], me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Hech 9, 6 y 17.

Y al convertirse en el “Apóstol de las gentes”, san Pablo se comporta como un pastor y como un director espiritual de los primeros cristianos, a los que ayuda –haciéndose todo para todos- a identificarse con Cristo, que es la finalidad del acompañamiento espiritual.

– Me hago endeble con los endebles para ganar a los endebles; me hago todo para todos para salvarlos a todos. I Cor 9, 22.

– ¿Quien desfallece que yo no desfallezca? ¿Quien se escandaliza que yo no me abrase? 2 Cor 11, 29.

– Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús. Fil 2, 5.

– ¡Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros! Cal 4, 19