Archivo de la etiqueta: anticoncepcion

AL INTERLOCUTOR IMPERMEABLE

Pero al interlocutor impermeable, acaso le quede bailando todavía en la cabeza la vieja idea de que todo es cuestión de condicionamientos sociales, convencionalismos, costumbres, patrañas o prejuicios religiosos.

Si el niño se acostumbrara a ver gentes sin más abrigo que la epidermis, la lujuria no se apoderaría de él cuando alcanzara la edad adulta, y la sociedad — continúan los naturalistas –, como sucede en los países avanzados, sería más pura; la pornografía no escandalizaría a nadie; la liberación del sexo, además, evitaría complejos innecesarios y, de la salud psíquica del individuo, se derivaría la deseada sociedad libre, paradisíaca, insensible e indiferente a lo que hoy nuestra mojigatería convierte en tentación y pecado…

Según ese punto de vista que acabo de describir, habría que felicitarse por el hecho de que la televisión, el cine, la prensa, presenten a todos los públicos esas imágenes consideradas por millones de personas inoportunos excitantes. Frente a esto ha escrito José Miguel Pero-Sanz: «Tampoco estoy muy seguro de que semejante abundancia traiga consigo una insensibilidad, una indiferencia.

Cuestiones tales como la anticoncepción, los embarazos extramatrimoniales, el aborto, etc., no parecen haber desaparecido de una sociedad en la que, teóricamente, todos estaríamos curados de espanto ante cualquier provocación. Ustedes han oído como yo, mil veces la historia esa del cambio de costumbres y de la sensibilidad. Lo que, sin embargo, no he oído es que, a consecuencia de ese “acostumbramiento”, resulte hoy más fácil la virtud de la castidad».

A propósito, quizá sea bueno recordar lo que dice León Tolstoi, en La sonata a Kreutzer; al transcribir las palabras del Señor que recoge San Mateo — Yo os digo que quien mira a una mujer deseándola ha cometido ya adulterio con ella en su corazón (Mt 5, 28) –, añade de su cosecha una sentencia dura, cruda, que habría que matizar como sucede con tantas otras afirmaciones del mismo autor:

«Sí — dice –, solemos enmascarar con una nube de poesía el aspecto animal del amor físico; somos cerdos y no poetas, y conviene que lo sepamos». Es un poco brutal, pero quizá conviene que lo leamos. Lo cierto es que no todo es poesía en este mundo, como no todo el monte es orégano, aunque haya orégano en el monte. Tampoco es amor todo lo que recibe este nombre sublime. La palabra ha sido tan adulterada que a los adúlteros se les llama amantes. Y así, a base de barajar y combinar palabras tales como sinceridad, naturalidad, espontaneidad, liberación, etc., muchos llegan a convencerse (?) de que todo es candor bajo el sol; parecen haber olvidado — si es que lo han sabido alguna vez — que fuimos expulsados del paraíso y que ya no estamos allí.

Recuerdo ahora aquel punto de Camino: Aunque la carne se vista de seda… –Te diré, cuando te vea vacilar ante la tentación, que oculta su impureza con pretextos de arte, de ciencia…, ¡de caridad! Te diré, con palabras de un viejo refrán español: aunque la carne se vista de seda, carne se queda (Camino, n.º 134). ¡No digamos cuando la carne no se viste de ninguna manera!