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La amistad, las virtudes y los defectos del amigo, saber comprender, colaborar, compartir, remar en la misma dirección…




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  • El buen amigo:
    • El buen amigo comprende los fallos de su amigo. Recuerda un proverbio turco: “El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos” .
  • El buen amigo no juzga ni condena interiormente al otro. A un amigo se le debe ayudar a superar sus fallos, pero siempre dentro de un clima de afecto y comprensión.
  • El buen amigo, cuando ve que su amigo se ha equivocado, intentar ayudarle del mejor modo posible, de igual a igual, porque todos nos equivocamos.
  • El buen amigo busca el mejor modo y el tiempo oportuno para ayudar a su amigo.
  • El buen amigo no recrimina los fallos y errores del otro.
  • El buen amigo no le critica jamás a sus espaldas.
  • El buen amigo no enjuicia las intenciones del otro cuando piensa que se equivoca.
  • El buen amigo busca siempre un rasgo positivo, una excusa, una razón para las actuaciones de su amigo, cuando están equivocadas o se lo parecen.
  • El buen amigo olvida los agravios. No lleva una “lista de ofensas”, y no se las recuerda al otro; es decir, perdona de verdad y para siempre.
  • El buen amigo ayuda a su amigo a superar sus defectos. Como decía Cicerón, “La naturaleza quiere que la amistad sea auxiliadora de virtudes, más no compañera de vicios”.
  • El buen amigo no “pone a prueba” al otro para comprobar si su amistad es sincera. Como escribía Cervantes, “la buena y verdadera amistad no puede ni debe ser sospechosa en nada”.
  • Un buen amigo agradece de corazón y con prontitud los pequeños y grandes favores que le hace su amigo. Y amigo no espera a que le hagan favores para “devolverlos”. Tampoco no lleva la “cuenta” de los favores que ha hecho.
  • Un buen amigo se esfuerza por escuchar con respeto las opiniones, del otro sabiendo disentir (si es oportuno disentir).
  • Un buen amigo sabe escuchar el tiempo que sea necesario. Y deja que su amigo se desahogue, aunque no tenga razón o no sea objetivo. Lo habitual será que tras el desahogo, después de “saberse escuchado” se recobre –si es que falta- la objetividad.
  • Un buen amigo no es el que no falla nunca –somos humanos-, sino el que pide perdón todas las veces que sean necesarias, y con prontitud. Eso contribuye a la solidez de la amistad, y es el camino para llegar a esa amistad profunda de la que decía Cervantes: “amistades que son ciertas nadie las puede turbar”.
  • Un buen amigo evita las frases de recriminación insidiosa del tipo “ya te lo decía”. Aunque le haya avisado del error que podía cometer, cuando lo comete lo que le importa es ayudar a su amigo, no reafirmarse en su opinión. Un buen amigo sabe pedir ayuda y se deja ayudar. No es verdadero amigo aquel que deja de serlo cuando se le pide ayuda.




El corazón de la amistad


  • El corazón de la amistad es la donación desinteresada de uno mismo (tiempo, preocupaciones, intereses…).Como decía Aristóteles, “La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas”.
  • Los dos ejes fundamentales de la amistad son la confianza y la lealtad. La amistad verdadera lleva a abrir el corazón con el amigo, en una relación de igual a igual, donde cada uno da y comparte lo mejor que tiene.

Un amigo es una persona con la que se tiene especial confianza; con la que se habla en el mismo lenguaje, aunque se parta de presupuestos muy distintos. Dos amigos pueden ser cristianos los dos o no; pueden compartir la misma visión de la vida o no; pero si son amigos, compartirán la confianza y el afecto.

Un amigo es aquel al que se le pueden confiar secretos y preocupaciones; al que se le habla con franqueza.

La verdadera amistad se conquista con hechos y cuesta, porque exige darse a los demás, venciendo el egoísmo.

«El amigo verdadero no puede tener, para su amigo, dos caras: la amistad, si ha de ser leal y sincera, exige renuncias, rectitud, intercambio de favores, de servicios nobles y lícitos. El amigo es fuerte y sincero en la medida en que, de acuerdo con la prudencia sobrenatural, piensa generosamente en los demás, con personal sacrificio. Del amigo se espera la correspondencia al clima de confianza, que se establece con la verdadera amistad; se espera el reconocimiento de lo que- somos y, cuando sea necesaria, también la defensa clara y sin paliativos» (J. Escrivá, Carta, 11 mar. 1940, en “Amistad”,G.E.R).

  • La amistad es para siempre. Dice san Ambrosio que la amistad que puede acabar no fue nunca verdadera amistad (Tratado sobre los oficios de los ministros).
  • La amistad es costosa: hay que cultivarla y mantenerla en el tiempo; por eso el cristiano procura no perder amigos.
  • La amistad es desinteresada. Un amigo está a las duras y a las maduras: si la amistad no llega al sacrificio, no es verdadera amistad. Un amigo, por eso, no sirve para nada; es una persona a cuyo lado estamos y que está a nuestro lado. Un amigo no sirve para conseguir participar en un deporte, para formar parte de un equipo o para ampliar un círculo de conocidos. Un amigo no es un peldaño, un contacto, un medio
  • La amistad lleva a aprender a escuchar, a ponerse en la piel del otro, sin querer darle lecciones constantemente, aprendiendo de él todo lo bueno.
  • La verdadera amistad está llena de un profundo respeto a la libertad del otro, compatible con el deseo de ayudarle siempre.

La amistad lleva a comprender, disculpar, ayudar. “Ofrecemos incienso: los deseos, que suben hasta el Señor, de llevar una vida noble, de la que se desprenda el bonus odor Christi, el perfume de Cristo. Impregnar nuestras palabras y acciones en el bonus odor, es sembrar comprensión, amistad. Que nuestra vida acompañe las vidas de los demás hombres, para que nadie se encuentre o se sienta solo. Nuestra caridad ha de ser también cariño, calor humano”.(Es Cristo que pasa, En la epifanía del Señor, 36)