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Para mí hacer apostolado supondría hacer algo raro

Hacer apostolado es normal en un cristiano. El bien es difusivo. Una persona que está enamorada desea comunicar a sus amigos esa alegría que lleva en el alma. Es lógico, es normal, que los cristianos hablen a sus amigos y a las personas con las que tienen confianza, de sus amores, de la gran alegría de su vida: saberse amados por Cristo.

273 Además: ¿quién ha dispuesto que para hablar de Cristo, para difundir su doctrina, sea preciso hacer cosas raras, extrañas?

Vive tu vida ordinaria; trabaja donde estás, procurando cumplir los deberes de tu estado, acabar bien la labor de tu profesión o de tu oficio, creciéndote, mejorando cada jornada. Sé leal, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo. Sé mortificado y alegre. Ese será tu apostolado.

Y, sin que tú encuentres motivos, por tu pobre miseria, los que te rodean vendrán a ti, y con una conversación natural, sencilla –a la salida del trabajo, en una reunión de familia, en el autobús, en un paseo, en cualquier parte– charlaréis de inquietudes que están en el alma de todos, aunque a veces algunos no quieran darse cuenta: las irán entendiendo más, cuando comiencen a buscar de verdad a Dios.

Pídele a María, Regina apostolorum, que te decidas a ser partícipe de esos deseos de siembra y de pesca, que laten en el Corazón de su Hijo. Te aseguro que, si empiezas, verás, como los pescadores de Galilea, repleta la barca. Y a Cristo en la orilla, que te espera. Porque la pesca es suya. (San Josemaría)

La Iglesia: la evangelización del mundo y la amistad

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La Iglesia recomendó en el Vaticano II el cultivo de la verdadera amistad

«A todos los cristianos se impone la gloriosa tarea de trabajar para que el mensaje divino de la salvación sea conocido y aceptado en todas partes por todos los hombres» (Decreto sobre el apostolado de los laicos, 3).

Un medio para la realización de esta tarea es la amistad personal: «De este modo, ayudándose unos a otros espiritualmente por la amistad y la comunicación de experiencias, se preparan para superar los inconvenientes de una vida y de un trabajo demasiado aislados y para producir frutos mayores en el apostolado» (1. c., 17).