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Los primeros cristianos y la amistad

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  • Los primeros cristianos difundieron el mensaje de Cristo por medio de una amistad sincera con sus amigos, haciéndoles participar del gran descubrimiento y alegría de su vida.
    El Cura de Ars escribe sobre ellos: “Lo que hizo que el número de santos se fuese multiplicando en los primeros tiempos de la Iglesia fue que los primeros cristianos ahablaban constantemente de Dios. Y de ese modo, se animaban entre ellos y conservaban el entusiasmo hacia las cosas de Dios” (Sermón sobre el Primer precepto del Decálogo).

Minucio Félix, un abogado del siglo II, narra en su libro “Octavius” un pequeño suceso inspirado en la vida de los cristianos del siglo II. Entre ellos se daban, actitudes de retraimiento y cobardía, junto con actitudes llenas de franqueza, lealtad y vigor apostólico, como sucede en la actualidad.

Minucio sitúa la historia en la playa de Roma, Ostia, que sigue siendo un lugar de veraneo. Relata la conversación de tres jóvenes, Marco, Cecilio y Octavio, que salen de excursión muy de mañana, hacia Ostia, para bañarse en la playa. La escena tiene lugar a comienzos del otoño romano, tras las fiestas de la vendimia. Marco y Cecilio son muy amigos. Octavio es amigo de Marco. Marco y Octavio, son cristianos. Cecilio es pagano.

Era una excursión como tantas otras y no tenían previsto hablar de temas serios. Se disponían sólo a pasar un buen rato, “por el placer único de sentir como la arena se deslizaba suavemente bajo nuestros pies”.

Al pasar junto a la estatua de piedra del dios pagano Serapis, Cecilio hizo un gesto supersticioso. Marco, que no deseaba “meterse en problemas”, y más en un día de excursión, hizo como que no había visto el gesto de su amigo y no le dijo nada. A Octavio ese silencio cómodo le pareció una falta de lealtad y le dijo a Marco que le parecía que no estaba bien que dejara seguir en la superstición a un gran amigo suyo como Cecilio, que “anda siempre pegado a tu lado”. Y habló de la falsedad de los dioses paganos.

Da la impresión, por el contexto, de que Marco temía que su amigo Cecilio se iba a molestar si le mostraba su visión cristiana de la vida. Pero sucedió al contrario. Al escuchar a Octavio, Cecilio se quedó serio, porque las palabras de Octavio le habían hecho pensar. Y es más: le dijo a Octavio que deseaba charlar a fondo sobre aquel asunto.