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El tesoro de la amistad

Existe una estrecha relación, como señala M. Esparza, entre ser amado, amarse a uno mismo y amar a los demás.

Necesitamos ser amados, sabernos amados para poder amarnos a nosotros mismos. Cuando nos amamos a nosotros mismos somos capaces de amar a los demás

Decía Aristóteles que para ser buen amigo de los demás hay que ser en primer lugar buen amigo de uno mismo. Esto significa que las personas que están “en guerra contra sí mismas”, que no se aman, ni se comprenden ni se perdonan sus propios fallos, los que están insatisfechos con ellos mismos, tendrán dificultades para amar, comprender y perdonar a los demás, para no dejarse llevar por la susceptibilidad..

En este sentido, los complejos, que son limitaciones no aceptadas, de inferioridad o superioridad, alteran las relaciones con los demás. Cuando uno descubre el amor que Dios le tiene, y acepta sus propias limitaciones, se pone en el camino del amor y de la amistad, si confía en la gracia divina.

La gran dificultad para hacerse amigos nace del orgullo propio. Otros vicios humanos, como señala Lewis en Mero cristianismo, no distancian tanto a las personas: los indecentes y los borrachos pueden llevarse bien entre sí. Pero los orgullosos no pueden tener amigos: el orgullo lleva al hombre a alaejarse de Dios y de los demás hombres.

La amistad se fortalece cuando hay una unión mutua en Cristo por parte de los amigos. “Una amistad es llevadera, pura y fuerte cuando se fundamenta y se nutre de la sublime comunión de amor que el alma cristiana debe tener con Cristo Jesús”. (Pablo VI, Alocución. 26.VII.78)

La amistad es un gran bien que Dios ha concedido al hombre, y que han sabido valorar las personas de buena voluntad de todos los tiempos.

Escribía Sem Tob en sus Proverbios Morales (siglo XIV) que el amigo “claro, leal y verdadero” es muy difícil de hallar, de encontrar, y no se consigue por dinero, como tantas cosas de esta vida: la amistad es la mejor riqueza:

Por esto la compaña
del amigo entendido
alegría tamaña
que el hombre nunca vido.
Pero amigo claro
leal y verdadero
es de fallar muy caro:
non se ha por dinero.
….
Non hay mejor riqueza
que la buena hermandad,
nin tan mala pobreza
como es la soledad