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Conviene repasar y meditar sobre estos puntos del Catecismo:

2214 La paternidad divina es la fuente de la paternidad humana (cf. Ef 3,14); es el fundamento del honor de los padres. El respeto de los hijos, menores o mayores de edad, hacia su padre y hacia su madre (cf Pr 1,8; Tb 4,3-4), se nutre del afecto natural nacido del vínculo que los une. Es exigido por el precepto divino (cf Ex 20,12).

2215 El respeto a los padres (piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en estatura, en sabiduría y en gracia. “Con todo tu corazón honra a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre. Recuerda que por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho?” (Si 7,27-28).

2216 El respeto filial se revela en la docilidad y la obediencia verdaderas. “Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre…en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar” (Pr 6,20-22). “El hijo sabio ama la instrucción, el arrogante no escucha la reprensión” (Pr 13,1).

2217 Mientras vive en el domicilio de sus padres, el hijo debe obedecer a todo lo que estos dispongan para su bien o el de la familia. “Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor” (Col 3,20; cf Ef 6,1). Los hijos deben obedecer también las prescripciones razonables de sus educadores y de todos aquellos a quienes sus padres los han confiado. Pero si el hijo está persuadido en conciencia de que es moralmente malo obedecer esa orden, no debe seguirla.

Cuando sean mayores, los hijos deben seguir respetando a sus padres. Deben prever sus deseos, solicitar dócilmente sus consejos y aceptar sus amonestaciones justificadas. La obediencia a los padres cesa con la emancipación de los hijos, pero no el respeto que permanece para siempre. Este, en efecto, tiene su raíz en el temor de Dios, uno de los dones del Espíritu Santo.

2218 El cuarto mandamiento recuerda a los hijos mayores de edad sus responsabilidades para con los padres. En cuanto puedan deben prestarles ayuda material y moral en los años de vejez y durante los tiempos de enfermedad, de soledad o de abatimiento. Jesús recuerda este deber de gratitud (cf Mc 7,10-12).

El Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole. Quien honra a su padre expía sus pecados; como el que atesora es quien da gloria a su madre. Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado. Quien da gloria al padre vivirá largos días, obedece al Señor quien da sosiego a su madre (Si 3,12-13.16).

Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, se indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor…Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre (Si 3,12.16).

2219 El respeto filial favorece la armonía de toda la vida familiar; atañe también a las relaciones entre hermanos y hermanas. El respeto a los padres irradia en todo el ambiente familiar. “Corona de los ancianos son los hijos de los hijos” (Pr 17,6). “Soportaos unos a otros en la caridad, en toda humildad, dulzura y paciencia” (Ef 4,2).

2220 Los cristianos están obligados a una especial gratitud para con aquellos de quienes recibieron el don de la fe, la gracia del bautismo y la vida en la Iglesia. Puede tratarse de los padres, de otros miembros de la familia, de los abuelos, de los pastores, de los catequistas, de otros maestros o amigos. “Evoco el recuerdo de la fe sincera que tú tienes, fe que arraigó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y sé que también ha arraigado en ti” (2 Tm 1,5).

Dar respuestas cristianas vitales

  • Las respuestas vitales son las respuestas adecuadas a la propia vida. Para que Cristo entre en la vida de un joven, hay que ayudarle a ver y a contrastar su vida con la vida de Cristo:

a) Podrá meditar, por ejemplo, en la presencia de Dios, sobre el estilo de vida que lleva: los horarios, los gastos del fin de semana, etc.

Quizá sea bueno considerar qué influencia tienen sus amigos en su vida, y que modelos de conducta dominantes en la sociedad le influyen más.

b) Fruto de la formación cristiana es el deseo de unirse con Cristo mediante la oración y un plan de vida cristiana.

c) Esa formación le llevará a ir adquiriendo un espíritu de sacrificio que se manifieste en hechos concretos. Para eso debe examinar su capacidad de entrega a los demás; meditar dónde tiene su corazón: en quien piensa; qué obras de misericordia ha hecho su vida; qué sentido de la justicia cristiana posee, etc.

e) Conviene ayudarle a considerar en la presencia de Dios sobre su vocación y su ilusión profesional; sobre su dedicación real al estudio: qué ideales presiden realmente su vida: ¿son ideales de servicio? ¿son ideales magnánimos? ¿o son metas egoístas de mera realización personal?

f) Para dar una formación adecuada, es conveniente que la persona que de este curso se cerciore del conocimiento real del Catecismo de la Iglesia Católica. Si ha leído algún libro de vida cristiana, ¿en qué medida lo ha asimilado?

g) La persona que desea formarse debe reflexionar sobre sus nociones sobre la castidad (¿conoce realmente las enseñanzas de la Iglesia?). Debe ser consciente de los medios de comunicación que le influyen (¿tiene sentido crítico?)

i) También es bueno que la persona que desea formarse sea consciente de la educación que ha recibido en su ambiente familiar y en los centros docentes a los que ha asistido, porque no hay educaciones “neutras”. ¿De qué signo es la formación que ha recibido? ¿cristiana, laicista, inmoral, amoral, nihilista, pragmática, anticristiana, anticlerical, etc.?