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Un caso específico: ¿Qué significa la expresión: soy aspirante en el Opus Dei?



  • Significa, en esencia, que soy un joven cristiano que ha entregado su vida a Dios, por Amor; y que quiero hacer durante mi vida, libremente, ante todo y sobre todo, la Voluntad de Dios, como Cristo hizo la voluntad de su Padre.
  • San Mateo: Oración de Jesús en el Huerto: “De nuevo se apartó por segunda vez y oró diciendo: Padre mío, si no es posible que esto pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. [43]
  • Diálogo de san Josemaría con Sofia Varvaro sobre la Voluntad de Dios.

  • Ahora estoy entregado a Dios, en la Iglesia, empeñado en la tarea de la Evangelización.

  • Pero no formo parte jurídicamente de esa partecica de la Iglesia que es el Opus Dei, aunque esté tan unido afectivamente con los ideales de las personas del Opus Dei.
  • No soy del Opus Dei. Aspiro a serlo. Pero tanto ahora como cuando pida la admisiónpitar(si se confirma que ésa es la Voluntad de Dios para mí) y cuando, con la mayoría de edad, me comprometa jurídicamente, como es mi deseo, lo único que me importa es cumplir la Voluntad de Dios.

  • Eso supone vivir la abnegación cristiana: quiero que Cristo viva en mí.
  • Durante este tiempo de discernimiento de mi vocación, estoy luchando para santificarme día a día, en cada momento concreto, sin sensación de provisionalidad, viviendo las virtudes humanas y cristianas —especialmente la reciedumbre, la sinceridad, la laboriosidad, la Santa Pureza, la generosidad— preparándome para realizar en mi vida la Voluntad de Dios para mí, y disponiéndome a seguir con fidelidad a Cristo.
  • Mi situación actual no puede ser de media entrega a Dios, o de simple espera, ya que, aunque no tengo ningún deber ni obligación jurídica con el Opus Dei, debo poner ahora –como durante toda mi vida- los medios sobrenaturales y humanos para cumplir el Primer Mandamiento de la Ley de Dios: amar a Dios con todas mis acciones, con mi alma, con mi mente y mi corazón.

Por lo que se refiere a la dedicación de tiempo

—¿Procuro ir al paso de Dios con cada hijo, con cada joven, ayudándole a vivir el Evangelio en su vida cotidiana?

— ¿Los estimulo con serenidad a identificarse con Cristo o sencillamente los agito de vez en cuando?

—¿Atiendo a los hijos, a los jóvenes de forma discontinua, o hablo con ellos “a ratos perdidos”?

— ¿Les voy enseñando con paciencia, momento a momento, a vivir las virtudes humanas y cristianas que necesitan para amar a Dios?