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La generosidad con Dios, fuente de las más altas alegrías

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La generosidad con Dios y con los demás es fuente de alegría.

Recordaba san Basilio, hablando del joven rico que se marchó triste por no ser generoso con el Señor: “El mercader no se entristece gastando en las ferias lo que tiene para adquirir sus mercancías; pero tú te entristeces (hace referencia al joven rico) dando polvo a cambio de la vida eterna (Catena Aurea, val. VI, p. 313)

San Gregorio Nacianceno: “Quien practique la misericordia-dice el Apóstol-, que lo haga con alegría”: esta prontitud y diligencia duplicarán el premio de tu dádiva. Pues lo que se ofrece de mala gana y por fuerza no resulta en modo alguno agradable ni hermoso (Disert. 14 sobre amor a los pobres).

  • Hay que aprender a dar y darse con alegría

San Agustín: Si dieres el pan triste, el pan y el mérito perdiste (, Coment. sobre el Salmo 48).

  • Los cristianos tenemos la alegría de saber que Dios no nos abandona, no nos deja nunca solos

Vuestras pequeñas cruces de hoy pueden ser sólo una señal de mayores dificultades futuras. Pero la presencia de Jesús con nosotros cada día hasta el fin del mundo (Mt 28, 20) es la garantía más entusiasta y, al mismo tiempo, más realista de que no estamos solos, sino que Alguien camina con nosotros como aquel día con los dos entristecidos discípulos de Emaús (cfr. Lc 24, 13 ss) (Juan Pablo II, Discurso. IIII-1980).

  • Mientras vivamos en esta tierra no tendremos la alegría plena, que solo se da en el Cielo

El amor trae consigo la alegría, pero es una alegría que tiene sus raíces en forma de cruz. Mientras estemos en la tierra y no hayamos llegado a la plenitud de la vida futura, no puede haber amor verdadero sin experiencia del sacrificio, del dolor (J. Escrivá, Es Cristo que pasa, 43).

“La característica inconfundible de la alegría cristiana es que puede convivir con el sufrimiento porque se basa en el amor. Efectivamente, el Señor que ‘está cerca de nosotros’ hasta el punto de hacerse hombre, nos infunde su alegría, la alegría de amar. Solo así se entiende la serena alegría de los mártires en medio de los suplicios, o la sonrisa de los santos de la caridad frente a los que sufren: una sonrisa que no ofende sino que consuela”.

Causa nostrae laetitiae,

Causa de nuestra alegría,
¡ruega por nosotros!
Enséñanos a saber captar, en la fe,
la paradoja de la alegría cristiana,
que nace y florece en el dolor,
en la renuncia,
en la unión con tu Hijo crucificado:
¡haz que nuestra alegría
sea siempre auténtica y plena
para podérsela comunicar a todos!
Amén.