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Conclusión: agradecer la vocación y cuidarla como un tesoro


  • La vocación, entendida en sentido amplio (la vocación bautismal) o en sentido concreto (la vocación bautismal en el Opus Dei o en cualquier realidad de la Iglesia) no depende de mis méritos personales: es un don inmerecido que Dios da y que hay que agradecer con frecuencia.
  • Agradezcamos a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo y a Santa María, por la que nos vienen todas las bendiciones del cielo, este don que, junto con el de la fe, es el más grande que el Señor puede conceder a una criatura: el afán bien determinado de llegar a la plenitud de la caridad, con el convencimiento de que también es necesaria –y no sólo posible– la santidad en medio de las tareas profesionales, sociales… (San Josemaría, Es Cristo que pasa, 32)

  • Mi aspiración de entrega a Dios en el Opus Dei no puede ser fruto de una admiración hacia una persona; gusto por un ambiente determinado; consecuencia de una ilusión infundada, de un desconocimiento de la realidad cotidiana de la entrega, o de un sentimiento pasajero. Debo irla madurando, humana y espiritualmente. Decía san Josemaría que la entrega cristiana en el Opus Dei no es un estado de ánimo, una situación de paso.
  • La vocación es el ciento por uno, el tesoro escondido que vale más que todas las cosas de este mundo, el Amor con mayúsculas por el que vale la pena dejarlo todo. Con nuestra entrega no le hacemos ningún favor a Dios.

    “vosotros y yo ¿qué hemos hecho para merecer esta maravilla de amor? Pues nada, no hemos hecho nada; es un gran regalo del Señor, que nos ha buscado, que nos ha hecho conocer esta manera santa de ser eficaces, de amar a todas las creaturas de Dios y darles paz y alegría”. (San Josemaría).

  • Evangelio de San Mateo: [19] No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y donde los ladrones socavan y los roban. [20] Amontonad en cambio tesoros en el Cielo, donde ni polilla ni herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban. [21] Porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón.[44] El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo.

    [45] Asimismo el Reino de los Cielos es semejante a un comerciante que busca perlas finas [46] y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra.