Archivo de la etiqueta: afan santidad

Voluntad de Dios y debilidad humana: el camino del hijo pródigo

index_clip_image002_000112


  • Somos viatores, caminantes, que deseamos hacer durante el camino de nuestra vida la Voluntad de Dios… pero somos débiles. La experiencia cotidiana nos muestra, una y otra vez, que muchas veces, como les sucede a los peregrinos del camino de Santiado, nos equivocamos de camino.
  • En nuestra vida debemos volver una vez y otra a Dios, retomar de nuevo el camino, como el hijo pródigo del Evangelio, que -dolido de sus faltas- regresa contrito al encuentro de su padre.
  • Reconocer la propia debilidad es señal de humildad y de madurez cristiana que lleva a la ibertad interior, a la confianza en la misericordia divina, sin miedo a equivocarse, porque no confunde el afán de ser santos con el perfeccionismo.
  • Precisamente porque somos débiles, para remediar las posibles caídas en las que por fragilidad puede incurrir quien se esfuerza y se propone ser fiel a Dios, la misericordia divina ha previsto el Sacramento de la Penitencia. La santidad no está tanto en no caer como en levantarse arrepentido cuántas veces sea preciso.
  • Las faltas que tienen su origen en la debilidad acaban siendo, por el arrepentimiento sincero, ocasión de crecimiento en humildad por el conocimiento y re-conocimiento de la propia miseria y, por lo tanto, son camino de santidad. (Sin embargo, si antes de que llegara la tentación concreta, una persona no se propusiera seriamente vivir de acuerdo con el querer de Dios, eso ya no sería simple debilidad, sino una infidelidad consciente.)

Vicente Martínez Fernández, con los más pobres

Numerario. 8 años en el Opus Dei


Vicente Martínez, durante el campo de trabajo en Tecpán, Guatemala, julio de 1994


Una vida fecunda

Vicente Martínez Fernández nació el ocho de junio de 1969, en Madrid. Era el segundo de cuatro hermanos y su familia procedía de Santa Colomba de Carabias, un hermoso pueblo de Zamora, donde acudían durante las vacaciones. Guardó siempre sus profundas raíces zamoranas. En agosto de 1975, cuando tenía seis años, fallecieron su padre y un hermano pequeño en un accidente de circulación.

En 6º de EGB comenzó a frecuentar el Club Atazar, del Opus Dei, donde se sentía muy feliz. Había recibido desde pequeño una profunda formación en el ambiente familiar, que se manifestaba en hábitos arraigados de vida cristiana: hacía la visita al Santísimo cuando entraba en el centro, se quedaba en el Oratorio haciendo un rato de oración personal, tenía detalles de preocupación por los demás, etc.

El 27 de enero de 1984, siendo todavía muy joven, manifestó su deseo de ser del Opus Dei. Durante ese periodo fue creciendo en su vida espiritual, con afán de santidad y trato creciente con el Señor. Al fin, viendo la solidez de sus deseos, le permitieron hacer la admisión en la Obra el 8 de junio de 1986.

Tenía grandes inquietudes humanas e intelectuales y comenzó a estudiar Filosofía en la Universidad de Navarra, gracias a una beca que obtuvo por sus buenas calificaciones. Al año siguiente continuó la carrera de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid.

Terminó en junio de 1993 con resultados brillantes. Ese mismo año fue contratado como profesor de Filosofía en el Colegio de Los Olmos de Madrid. Al mismo tiempo realizaba los cursos de doctorado en la Universidad.

Los ideales

  • La juventud es el tiempo de los grandes ideales.
  • Conforme un joven avanza en el trato con Dios y en su formación cristiana, debe profundizando en su ideal, en su afán de santidad.
  • El lenguaje de la formación debe ser –por tanto- un lenguaje positivo, animante, de aventura, de ideales.

  • Conviene explicar, que lo más importante en la vida cristiana no es el esfuerzo personal -aunque sea imprescindible-, sino lo que hace Dios en nuestras almas. Se trata de dejar a Dios que actúe, para que nos santifique con su gracia y nos sostenga.

  • Es lógico que el ejemplo del formador cristiano sea un acicate y un estímulo para el joven; pero hay que recordar que a quien debe parecerse no es al formador (padre, profesor, sacerdote, amigo), sino a Cristo. Cristo es el único modelo.