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Nguyen Van Thuan: Es preciso orar siempre

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Van Thuan fue nombrado Arzobispo de Saigón en 1975.
Pocos meses después fue arrestado y pasó 13 años en la cárcel, nueve de ellos en régimen de aislamiento.

“Después de mi liberación, muchas personas me dijeron: “Padre, habrá tenido usted mucho tiempo para rezar en la prisión”. No es tan sencillo como se podría pensar. El Señor me permitió experimentar toda mi debilidad, toda mi fragilidad física y mental. El tiempo transcurre lentamente en la cárcel, sobre todo durante el aislamiento. Imaginaos una semana, un mes, dos meses de silencio…

Son tremendamendamemte largos, pero cuando se transforman en años, se convierten en una eternidad. Hubo días en los que, derrengado por el cansancio y la enfermedad, no llegaba a recitar una oración.

Pero es verdad: se puede aprender mucho sobre la oración, sobre el genuino espíritu de oración, justamente cuando se sufre por no poder rezar a causa de la debilidad física, de la imposibilidad de concentrarse, de la aridez espiritual, con la sensación de estar abandonados por Dios y tan lejos de Él que no se le puede dirigir la palabra.

Y quizá precisamente en esos momentos es cuando se descubre la esencia de la oración y se comprende cómo poder vivir ese mandamiento de Jesús que dice: “Es preciso orar siempre” (Lc, 18, 1)…

Me gusta rezar con las oraciones litúrgicas, los salmos, los cánticos. Me gusta mucho el canto gregoriano, que recuerdo de memoria en gran parte… Luego las oraciones de mi lengua nativa, que toda la familia recita todas las noches en la capilla doméstica, tan conmovedoras, que recuerdan la primera infancia. Sobre todo las tres avemarías y el Memorare, que mi madre me enseñó a recitar mañana y noche”


Oración de San Bernardo, llamada Acordaos
(o en latín “Memorare”
)

Acordaos
¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a
vuestra protección,
implorando vuestra asistencia
y reclamando vuestro socorro
haya sido abandonado de Vos.

Animado por esta confianza,
a Vos también acudo,
Oh Madre, Virgen de las Vírgenes,
y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia Soberana.

Oh, Madre de Dios, no desprecieis mis súplicas,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente.
Amén