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La dirección o acompañamiento espiritual

ITALIA - ENTRENAMIENTO DE LA SELECCION NACIONAL DE FUTBOL

Al igual que sucede en el deporte, donde la figura del entrenador es tan importante, también en la vida espiritual necesitamos personas que nos asesoren, que nos entrenen, transmitiéndonos su experiencia y dándonos consejos.

“Y para descubrir la concreta voluntad del Señor sobre nuestra vida son siempre indispensables:

la escucha pronta y dócil de la palabra de Dios y de la Iglesia,

la oración filial y constante,

la referencia a una sabia y amorosa dirección espiritual,

la percepción en la fe de los dones y talentos recibidos y al mismo tiempo de las diversas situaciones sociales en las que se está inmerso.

En la vida de cada fiel laico hay además momentos particularmente significativos y decisivos para discernir la llamada de Dios y para acoger la llamada que Él confía.

Entre ellos están los momentos de la adolescencia y la juventud.

Juan Pablo II, Cristifideles laici, 58

Preguntas y respuestas sobre el acompañamiento espiritual

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1. ¿Qué es y qué no es el acompañamiento o dirección espiritual?

  • El acompañamiento espiritual es una práctica muy antigua en la tradición judeo- cristiana como un medio para encontrar a Dios.
    • Por tanto, no debe confundirse con otras realidades humanas, que utilizan nombres similares: en el lenguaje de la Iglesia dirigir, acompañar espiritualmente tiene un sentido propio y específico.“Dirigirse espiritualmente” no consiste sólo en desahogarse psicológicamente, como se hace en el marco de la amistad.

      No es tampoco una simple búsqueda de consejo, como la que realizan tantas personas que acuden a los consultorios de las revistas, a las consultas de los médicos, y a los programas de radio y de televisión para “contar su caso” y buscar orientación.

  • Si se reciben esos consejos con sinceridad y humildad resulta más sencillo descubrir en la conciencia, mediante la gracia y la oración, la luz y las llamadas de Dios para cada uno.

Una imagen clásica en la literatura espiritual: la luz del faro indica los escollos y, sobre todo, la ruta y el puerto; pero, para alcanzarlo, los navegantes deben hacer fuerza con los remos, o aprovechar los vientos favorables con las velas, y sostener y rectificar el timón.

  • Estas conversaciones se dirigen, al mismo tiempo, a la inteligencia -para que esté iluminada por la fe viva, y descubra con esa luz el camino personal y los medios adecuados para recorrerlo-, y a la voluntad, para afirmarla de tal forma que pueda corresponder libre, personal, responsable y generosamente a los impulsos de la gracia.
  • Hay que tener siempre presente -y los santos nos lo recuerdan eficazmente con su ejemplo- que el verdadero y único modelo de la santidad cristiana es Jesucristo, y que toda labor de acompañamiento espiritual consiste en procurar que cada cristiano tenga una amistad personal e íntima, de verdadero amor, a su manera, con Cristo, hasta querer identificarse con El, “en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom. 8, 21).

2. ¿En qué se basa la dirección espiritual cristiana?

  • En un sentido amplio y genérico, el acompañamiento espiritual hunde sus raíces en las recomendaciones de la Sagrada Escritura.
  • Se lee en el Antiguo Testamento:

“Trata a un varón piadoso, de quien conoces que sigue los caminos del Señor, cuyo corazón es semejante al tuyo y te compadecerá si te ve caído. Y permanece firme en lo que resuelvas, porque ninguno será para ti más fiel que él. El alma de este hombre piadoso ve mejor las cosas que siete centinelas en lo alto de una atalaya. Y en todas ellas ora por ti al Altísimo, para que te dirija por la senda de la verdad”. Ecl. 37, 15-19.

“Mas valen dos que uno solo, porque mejor logran el fruto de su trabajo. Si uno cae el otro le levanta; pero ¡ay del que está solo, que, si cae, no tiene quien le levante!” Ecl 4, 9-10.

“Sigue el consejo de los prudentes y no desprecies ningún buen consejo”. Tob 4, 18.

  • Los primeros cristianos recibieron ese acompañamiento del mismo Jesucristo.

    Dijeron los discípulos de Emaús: ¿No es verdad que nuestro corazón se enardecía, cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba la Escritura?” Lc 24, 32.

En la Iglesia primitiva ya existe la figura del hombre que acompaña en el camino hacia Dios.

San Pablo, después de su conversión, recibe este mensaje:

“Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que has de hacer […]. Fue Ananías y entró enla casa, e imponiéndole las manos, le dijo: Hermano Pablo, el Señor Jesús […], me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Hech 9, 6 y 17.

Y al convertirse en el “Apóstol de las gentes”, san Pablo se comporta como un pastor y como un director espiritual de los primeros cristianos, a los que ayuda –haciéndose todo para todos- a identificarse con Cristo, que es la finalidad del acompañamiento espiritual.

– Me hago endeble con los endebles para ganar a los endebles; me hago todo para todos para salvarlos a todos. I Cor 9, 22.

– ¿Quien desfallece que yo no desfallezca? ¿Quien se escandaliza que yo no me abrase? 2 Cor 11, 29.

– Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús. Fil 2, 5.

– ¡Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros! Cal 4, 19