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Sugerencias previas


Acepciones del término pobreza:

Significado socioeconómico: la pobreza como indigencia, como falta de bienes necesarios para el sustento. En esta acepción la pobreza extrema se llama miseria

En este sentido dice san Ambrosio que “no toda pobreza es santa, ni todas las riquezas son pecaminosas” (Catena Aurea, Vol. I, . 341)

Significado teológico: la virtud de la pobreza, como la vivió y la enseñó Jesucristo. Según esta acepción, la pobreza es el fruto del desprendimiento de los bienes materiales y lleva a ayudar a los demás con esos bienes por amor a Dios.

En este sentido, hay muchos tipos de pobreza: pobreza de espíritu, desprendimiento del propio yo, “pobreza del tiempo”, etc.


Conviene también aclarar y delimitar el alcance del mensaje cristiano sobre la riqueza, recordando estos puntos:

La riqueza -“el dinero”-, no es moralmente buena ni mala. La moralidad depende del modo en que se use esa riqueza. “El dinero” puede emplearse en el lujo, en el despilfarro y en la violencia, o en la promoción de la salud, de la solidaridad o la educación.

El desprendimiento no consiste en no tener nada, ni en no usar nada, sino en tener -cuando se pueda- sólo lo necesario; consiste en no quejarse si falta algo, o añorarlo; en estar desprendido de lo que tenemos y usamos, para que todo en nuestra vida sea de Dios y para Dios, dejándole espacio en nuestro corazón.

Los primeros cristianos siguieron a Cristo heroicamente



  • San Ignacio de Antioquía, segundo sucesor de san Pedro en el gobierno de la Iglesia en Antioquía, murió mártir en el año 107, devorado por las fieras, en tiempos del emperador Trajano. Sabía bien que su entrega a Cristo podía llevarle a la muerte, la presentía y la aceptaba, si esa era la voluntad de Dios. Le escribía así a los primeros cristianos de Roma:

Soy trigo de Dios

Soy trigo de Dios y he de ser molido por los dientes de las fieras, para llegar a ser pan limpio de Cristo. Rogad por mí a Cristo, para que, por medio de esos instrumentos, llegue a ser una víctima para Dios. De nada me servirán los placeres de la tierra ni los reinos de este mundo. Prefiero morir en Cristo Jesús que reinar en los confines de la tierra. Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó.
(Carta a los Romanos)