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La sinceridad de vida lleva a defender siempre la verdad, con fidelidad

Hay que defender especialmente las verdades de fe, y la verdad de la Iglesia.

Pablo VI:

Uno de nuestros dolores más agudos es la infidelidad de algunas personas buenas, que olvidan la belleza y la gravedad del compromiso que les une a la Iglesia.

Es éste un fenómeno que la evolución de la vida moderna acentúa de una manera dolorosa, tanto en el terreno de la doctrina como en el de las costumbres y orientaciones prácticas.

¡Cuántas debilidades, cuánto oportunismo, cuánto conformismo, cuánta vileza!

(Alocución. 17-II-1965)

Rectificar


La sinceridad de vida lleva a rectificar cuando haga falta

  • Una persona que ama la verdad la busca siempre; y como sólo de las verdades de fe tenemos certeza absoluta, porque nos apoyamos en la autoridad de Dios que revela, y del resto, no, en muchas ocasiones descubrirá que se ha equivocado y deberá rectificar.
  • Reconocer la propia equivocación -grande o pequeña- es un ejercicio de humildad
  • Rectificar con prontitud y alegría es una muestra de amor a la verdad, de humildad y de sabiduría: rectificar es de sabios.

Confiar


La sinceridad de vida lleva a confiar prudentemente en los demás

  • La confianza es el fruto de varias virtudes. Es una fe humana por la que confiamos en los demás, en sus hechos y palabras.
  • Sin confianza mutua no hay posibilidad de convivencia.
  • Por eso, el hecho de que una o algunas personas nos hayan defraudado no es nunca motivo para desconfiar de todos, por principio.