Archivo de la categoría: servicio

Enseñanzas de los santos sobre la corrección fraterna

correccion_clip_image002_0002


San Ambrosio

“Aprovecha más la corrección amiga que la acusación violenta; aquella inspira compunción y ésta incita la indignación”. (Catena Aurea, volumen VI).

“Ni la corrección ha de ser tan rígida que desanime, ni ha de haber connivencia que facilite el pecar” (Catena Aurea, volumen VI, 266).

San Gregorio Magno

“Y ninguno diga: yo no sirvo para amonestar, no soy idóneo para exhortar. Haz lo que puedas, que no se te pida cuenta…” (Homilía 4 sobre los Evangelios).

San Juan Crisostomo

“Conviene examinar en primer lugar con sumo cuidado nuestros defectos, antes de pasar a reprender los defectos de los demás” (Catena Aurea, Vol. I).

San Cirilo

“La reprensión, que hace mejorar a los humildes, suele parecer intolerable a los soberbios” (Catena Aurea, vol. VI)

San Agustín

“Si le dejas estar, peor eres tú; él ha cometido un pecado y con el pecado se ha herido a sí mismo; ¿no te importan las heridas de tu hermano? Le ves perecer o que ha perecido, ¿y te encoges de hombros? Peor eres tú callando que él faltando” (Sermón 82).

“Debemos pues, corregir por amor; no con deseos de hacer daño, sino con la cariñosa intención de lograr su enmienda… ¿Por qué le corriges? ¿Por qué te ha molestado ser ofendido por él? No lo quiera Dios. Si lo haces por amor propio, nada haces” (Sermón 82)

San Josemaría

“no hemos de tener miedo a decir la verdad con la corrección fraterna; porque si nos callamos, por comodidad o por cobardía, con ese silencio estamos cooperando al mal y robando gloria a Dios. Convéncete: cuando haces la corrección fraterna, estás ayudando, con Jesucristo, a llevar la Cruz a tu hermano; una ayuda enteramente sobrenatural, pues la corrección fraterna va precedida, acompañada y seguida por tu oración”. (Enseñanzas de san Josemaría, citadas por J. Echevarría en Memoria del Beato Josemaría)

“¿A mí, quién me va a santificar, el preste Juan de las Indias, con quien no convivo, con quien nunca estaré? Me tienen que santificar las personas que están a mi alrededor, porque he de esforzarme para acomodarme a su modo de ser, y he de procurar servirles, y atenderles, también con la corrección fraterna.

…si no se hace la corrección fraterna, es un índice claro de que no hay preocupación por ser santos. Todos tenemos defectos, y resulta evidente que, cuando no nos ayudamos, con cariño y visión sobrenatural, a corregirlos, vivimos en un diálogo con nuestras faltas y con las de los demás.

…nosotros, los hijos de Dios, trabajamos siempre bajo la mirada de Nuestro Padre, contamos con el cariño de los demás, que nos ayudan, entre otros modos con la corrección fraterna, si algo no va. No lo olvidéis: la corrección fraterna es parte de la mirada de Dios, de su Providencia amorosa. (Enseñanzas de san Josemaría, citadas por J. Echevarría en Memoria del Beato Josemaría)

De las enseñanzas del Señor y de los santos se deduce que:

correccion_clip_image002_0003


Los cristianos tenemos el deber de hacer corrección fraterna.

La corrección es fruto de la caridad, de la fraternidad, no del juicio crítico. Es el amor de Cristo el que urge, el que invita a ayudar al hermano con esa corrección.

La corrección fraterna nace del deseo de ayudar a todos en su camino hacia el Cielo.

No nace de la irritación por una ofensa que hayamos recibido, ni por amor propio, porque han hecho algo que nos ha molestado.

La corrección fraterna es consecuencia de la mirada cristiana del bautizado, que se sabe co-responsable, corredentor, de la santidad de los demás.

Antes de realizar una corrección conviene pedirle luces al Espíritu de Dios para encontrar el mejor modo de llevarla a cabo.

El que realiza esa corrección debe considerar, con humildad su propia indignidad, reconociéndose pecador en la presencia de Dios y hacer examen sobre sus propias faltas.

Si nos han corregido y nos ha parecido “intolerable” lo que nos han dicho, quizá sea conveniente meditar en las palabras anteriores de San Cirilo.

Generosidad

generosidad_clip_image002

La generosidad consiste en dar:


  • Procurar conocer los problemas de los demás, intentando ayudarles en la medida de nuestras fuerzas.
  • Dar el perdón y no hacer juicios internos de intenciones
  • Esforzarse por perdonar a todos desde el primer instante, como Jesucristo nos perdonó.
  • Sonreír a la persona que nos ha ofendido es una de las mayores manifestaciones de generosidad. Con frecuencia sólo se perdona del todo cuando se sonríe de verdad.
  • Pensar que -a pesar de la ofensa que nos ha hecho esa persona-, puede rectificar y mejorar: no etiquetar a nadie para siempre.
  • Reconocer que esa persona, como todas, necesita recibir afecto y nuestro perdón.
  • No dejar paso al rencor en nuestra alma.
  • Disculpar internamente; Salvar las intenciones del otro.
  • Estar dispuesto a olvidar.

  • La generosidad consiste en dar parte de nuestro tiempo (estar disponible significa ser generoso con el propio tiempo).
    • dedicar tiempo a los demás sin esperar rentabilidad del tiempo entregado al otro, porque eso supondría instrumentalizar esa donación: Estoy con esta persona porque espero conseguir algo de ella; si veo que no voy a conseguir nada para mí, la dejo.
    • No hay verdadera generosidad cuando se entrega algo con frialdad o de forma rutinaria, con “caridad oficial”.
  • La generosidad lleva a dar o prestar cosas, sin esperar contraprestaciones, porque en ese caso, más que generosidad, sería intercambio.
    • Contraprestaciones materiales: te presto mi moto con la esperanza de que me ayudes en el examen.
    • Contraprestaciones afectivas: doy esta limosna, trabajo en esta tarea de solidaridad para sentirme bien, para tener una “nueva experiencia”.

  • Dar atención (escuchar)
    • No viviría bien la virtud de la generosidad una persona que dedicara –por ejemplo- parte de su tiempo a los más necesitados, pero que no estuviese dispuesto a emplear ese tiempo en escuchar a una persona de su familia que necesita hablar de sus problemas.

  • Dar afecto y amabilidad sincera a todos: esforzarse por hacer la vida agradable a todos, y no sólo a las personas del propio entorno (familia, círculo de amistades) que caen bien, sino a todos .
    • No es generosa una persona que va a visitar al Hospital –por ejemplo, aun compañero de curso que ha tenido un accidente jugando al fútbol- por simple compromiso (porque ya ha ido el resto de la clase); y que sólo le acompaña el tiempo imprescindible para quedar bien.