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¿Qué se entiende por una persona cristianamente formada?

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Un cristiano formado una persona madura en su fe, que se esfuerza por traducirla en obras de fe, y que conoce las enseñanzas de Cristo con un nivel adecuado a su preparación intelectual.

Es una persona que pone, día tras día, los medios para seguir actualizando su formación cristiana y procura actuar de forma coherente con su fe, comenzando y recomenzando una y otra vez, con humildad, en el combate espiritual.

¿Qué se necesita para formar cristianamente a los demás?

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En primer lugar, se necesita dar buen ejemplo con la propia vida y darse cuenta de la necesidad de formarse mejor uno mismo y poner los medios.
Eso exige conocer la Sagrada Escritura, las enseñanzas de Jesucristo, y meditar sobre ellas; acudir a medios formativos, estudiar y reflexionar sobre la propia fe, conocer las enseñanzas del Magisterio, leer los escritos de los Padres, de los Santos, pedir consejo…

No basta con desear ser un buen cristiano (un buen padre, un buen catequista, etc.) : hay que aprender a serlo, y cualquier aprendizaje exige esfuerzo.
La lectura del artículo Lectura y formación puede dar luces sobre este punto.
Y luego está la necesidad de dar buen ejemplo: fray ejemplo sigue siendo el mejor predicador.

¿Cómo transmitir a los demás el ímpetu apostólico y el afán evangelizador que nos pide Jesús?

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Para contestar a estas preguntas puede ser conveniente que la persona que va a impartir este curso de formación cristiana se plantee algunas de estas interrogantes:

    ¿Reflexiono habitualmente sobre mi tarea formativa, procurando mejorarla y actualizarla?

    ¿Procuro ayudar a las personas que reciben estas clases en su carácter y en su mejora personal?

    ¿Me esfuerzo por conocer y comprender la mentalidad de los jóvenes?

    ¿Pongo los medios para responder las preguntas que se formulan? ¿Intento meterme en la piel del adolescente?

    ¿Cómo les ayudo a dar los primeros pasos en la vida cristiana?

    ¿Estoy al tanto de las realidades culturales, de las figuras y movimientos artísticos actuales (literarios, musicales, etc.) que pueden ayudar positivamente a conformar una cabeza y un corazón cristiano en los jóvenes?

    ¿Conozco los puntos más debatidos de la fe cristiana en la sociedad actual? Sé responder a las preguntas habituales que se formulan los jóvenes sobre esos puntos?

    ¿Les ayudo para que mejoren en coherencia de vida?

    ¿Conozco su lenguaje propio?

    Recordaba Juan Pablo II:

    “Muy bien se aplican a ellos [san Cirilo y san Metodio] las palabras de san Pablo que acabamos de escuchar: «¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!» . Abriendo su corazón a los cristianos de Corinto, el Apóstol expresa su conciencia de la necesidad y de la urgencia del anuncio evangélico.

    Lo siente como un gran don, pero también como una tarea irrenunciable: un verdadero «deber» , cuya responsabilidad le incumbe en comunión con los demás Apóstoles.

    Al hacerse “todo para todos” para salvar a toda costa a algunos, nos muestra cómo todo evangelizador debe aprender a adaptarse al lenguaje de sus oyentes, para entrar en sintonía profunda con ellos”. (15 de febrero de 1998)