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Buscando siempre el necesario equilibrio

  • Conocerse ayuda a encontrar el necesario equilibrio entre la razón y la afectividad, cultivando la libertad y la responsabilidad
  • El propio conocimiento ayuda a mantener el equilibrio entre el cerebro y el corazón, entre la razón y la afectividad.

  • Cuando pesa exageradamente lo afectivo, el corazón y la persona se deja gobernar sólo por sus sentimientos, está más pendiente de recibir afectos que de darlos y puede llegar a tener reacciones desproporcionadas y sufrimientos innecesarios. Para que esto no suceda es conveniente:
  • Luchar por ser lo más objetivos posibles, con nosotros mismos y con los demás; quitando apasionamientos que deforman la realidad.
  • Intentar no dramatizar, cultivando el sentido del humor y el distanciamiento prudente. Conviene saber que algunos sentimientos tienden a distorsionar los sucesos dramatizándolos innecesariamente.
  • Es conveniente, por eso, pedir la opinión de los demás, para obtener puntos de vista menos subjetivos que los nuestros.
  • Cuando pesa exageradamente lo racional, el cerebro, la persona vuelve fría y calculadora, sin darse cuenta de las repercusiones de sus hechos en la vida de los demás.

Conviene…

  • Cultivar la libertad y la responsabilidad, sin esperar a que otros, o las circunstancias decidan por nosotros.
  • Educar la imaginación y vivir en el presente, cultivando la imaginación positiva que sirve para ayudar a los demás, para cultivar el arte, para divertir a los otros, y controlando la imaginación negativa, que lleva a agrandar los problemas, e imaginar males posibles y temores.
  • Vivir en el presente, sin darle vueltas alpasado ni al futuro. Dejar el pasado abandonado a la misericordia de Dios y confiar el futuro en las manos de Dios.

  • Valorar lo que se tiene, sin estar pendiente de lo que falta, sabiendo disfrutar de las pequeñas cosas.
  • Educar los impulsos y los estados de ánimo.
  • Moderar el impulso de la impaciencia (querer las cosas ya).
  • Ejercitar la paciencia en el trato con los demás, en el trabajo, en las cosas que no salen como imaginamos. La paciencia lleva a comenzar y recomenzar un día y otro, fortaleciendo el entusiasmo, y espera al momento oportuno, del mismo modo que la impaciencia es inoportuna.
  • Educar el impulso de la irritabilidad y los estados de ánimo (no ceder ante ideas negativas ante uno mismo o los demás; no caer en pensamientos de temor, de tristeza). Aprender a sobreponerse a los altibajos de ánimo, identificando las ideas pesimistas y rechazándolas.
  • No agrandar los contratiempos de la vida: perdonando, y olvidando los fracasos, las desgracias, las ofensas, los comentarios negativos, etc.
  • Cultivar el deseo de aprender algo nuevo cada día.

Cómo procura actuar una persona madura

  • Una persona madura es la que tiene un conocimiento propio aceptable. Por eso, el primer paso hacia la madurez consiste en procurar conocerse.
  • Partiendo de ese conocimiento propio, la persona madura se esfuerza por distinguir entre:
El mundo de sus deseos: me gustaría hablar en inglés correctamente, como un lord del Parlamento británico.
El mundo de su realidad: me acaban de suspender de nuevo la asignatura de inglés.
  • La persona madura tiene ilusiones, pero no las confunde con su realidad ni con la realidad.
  • Si hablara bien inglés podría ir a Inglaterra y trabajar en el Foreing Office (ilusión).
  • Sólo sé cincuenta palabras en inglés (mi realidad).
  • La persona madura pone los medios para conseguir los fines, contando con las variables de la vida:

Un medio es la ilusión “Quiero aprender inglés para ir Inglaterra”.

Otro medio son las dos horas diarias de estudio de inglés y la superación diaria del pequeño desencanto por ir tan lento en el aprendizaje de la lengua.

Otro medio es la corrección de falsas expectativas: “Debo dejar de pensar que para hablar inglés basta con saber cincuenta palabras”.

Las variables de la vida son muy numerosas. “Me he caído de la moto, estoy en el hospital y no puedo ir a clases de inglés”.

  • La persona madura aprende a vivir en la realidad, sin dejarse llevar por los desencantos, ni por las aspiraciones desorbitadas.
  • Desencantos. Como me han suspendido en este examen de inglés, ya nunca hablaré inglés. Por tanto, no me compensa estudiar inglés.
  • Aspiraciones desorbitadas. Este año voy a aprender inglés, alemán, portugués y rumeno.
  • La persona madura se esfuerza por situar equilibradamente sus aspiraciones en el marco de su propia vida. Si no se equilibran las aspiraciones se pueden tener frustraciones innecesarias: estoy muy triste porque no he conseguido aprender en un año inglés, alemán, portugués y rumeno, como me había propuesto.
  • Hay aspiraciones buenas, que vividas con desorden se vuelven malas: Es bueno aspirar a hablar en inglés; pero es malo aspirar a hablar en inglés a toda costa (a costa del estudio de otras asignaturas, de la salud, etc).