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Temperamento y carácter

Podría decirse que el temperamento es como la caja de la guitarra y el carácter como las cuerdas de la guitarra, que se van templando con el ejercicio de las virtudes



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¿Qué es el temperamento?

Es la parte heredada de nuestra personalidad, la constitución particular de cada individuo, fruto de sus características fisiológicas y orgánicas.

Se le suele llamar “modo de ser”: “es una persona de temperamento apasionado”; -se suele decir- “es de temperamento tranquilo”.

  • El temperamento es un punto de partida, y ofrece un posible desarrollo positivo y otro negativo.
  • Mediante el ejercicio de las virtudes el temperamento se va templando como las cuerdas de la guitarra.
  • Una cuerda excesivamente tensada se acaba rompiendo y una cuerda sin tensar no sirve para nada.
  • Del mismo modo, dependiendo de como cultive las virtudes, una persona de temperamento apasionado puede acabar siendo un santo ferviente o un fanático alocado.
  • Y una persona de temperamento tranquilo puede acabar siendo un hombre sereno o un indolente apático.

¿Qué es el carácter?

Es la parte no heredada, voluntaria, de nuestra personalidad; el conjunto de cualidades y rasgos psíquicos, afectivos y morales, que se conjugan con los heredados y adquiridos, y acaban conformando el modo de ser y de comportarse de cada persona.

¿Qué se entiende por una persona cristianamente formada?

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Un cristiano formado una persona madura en su fe, que se esfuerza por traducirla en obras de fe, y que conoce las enseñanzas de Cristo con un nivel adecuado a su preparación intelectual.

Es una persona que pone, día tras día, los medios para seguir actualizando su formación cristiana y procura actuar de forma coherente con su fe, comenzando y recomenzando una y otra vez, con humildad, en el combate espiritual.

¿Qué se necesita para formar cristianamente a los demás?

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En primer lugar, se necesita dar buen ejemplo con la propia vida y darse cuenta de la necesidad de formarse mejor uno mismo y poner los medios.
Eso exige conocer la Sagrada Escritura, las enseñanzas de Jesucristo, y meditar sobre ellas; acudir a medios formativos, estudiar y reflexionar sobre la propia fe, conocer las enseñanzas del Magisterio, leer los escritos de los Padres, de los Santos, pedir consejo…

No basta con desear ser un buen cristiano (un buen padre, un buen catequista, etc.) : hay que aprender a serlo, y cualquier aprendizaje exige esfuerzo.
La lectura del artículo Lectura y formación puede dar luces sobre este punto.
Y luego está la necesidad de dar buen ejemplo: fray ejemplo sigue siendo el mejor predicador.