Vocación y misión

La Sagrada Escritura nos revela que, cuando Dios llama, confiere una misión determinada: Dios siempre llama a alguien para algo (cfr Gen 12,1-2; Ex 3,4-10; Is 6,1-10; Rom 1,1; Gal 1,15-16). El concepto de vocación incluye el de misión: toda vocación comporta una misión concreta (Cfr Juan Pablo II, Redemptoris missio, 7-XII-1990, n. 2).

Pero estos dos conceptos no se identifican. El de vocación es más amplio que el de misión, porque comprende tanto la llamada a la plena comunión con Dios en el Cielo, como la tarea concreta que se ha de sacar adelante aquí en la tierra. La santidad es el aspecto de la vocación destinado a durar siempre; la misión, en cambio, está limitada a nuestra existencia terrena, si bien se da también una cierta misión entre los “salvados” a través de la comunión de los santos. La conexión entre vocación y misión –santidad y apostolado– se sigue que ese modo de ser cristiano al que llama una vocación peculiar consiste en un determinado estilo de vida cristiana –espiritualidad– y un modo peculiar de participar en la misión única de la Iglesia.

Según el Nuevo Testamento, los klétoi (“llamados”), son llamados a vivir en comunión, a formar la Ekklesía, la asamblea santa de los creyentes: «Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 9,1).

Así, pues, la vocación personal tiene una dimensión eclesial, no es nunca individualista. La vocación confiere a cada cristiano una misión concreta o manera específica de participar en la misión salvífica de la Iglesia, ya que en ésta –debido a su carácter de comunidad orgánicamente estructurada– hay diversidad de funciones, dentro de su única misión (cfr Conc. Vaticano II, Apostolica actuositatem, n. 2). La misión, por tanto, dice relación a la Iglesia in terris. Toda misión finalizará cuando la Iglesia alcance su perfección definitiva al final de los siglos, esto es, en la Iglesia in Patria.

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