RAZON DEL PUDOR

¿Por qué el aspecto más estrictamente sexual del cuerpo pertenece a “lo más íntimo”? Por razones muy profundas, que nos llevarían muy lejos de las posibilidades de estas páginas. Resumiendo podemos vislumbrar algo de ello.

Toda la moral que se refiere a la vida sexual, estriba en un punto muy olvidado y confundido en la actualidad, pero que constituye una verdad absolutamente cierta, contenida en la Revelación divina, en el Magisterio de la Iglesia y que también puede intuirse fácilmente si se atiende a las cosas como son y se muestran.

Me refiero a la razón de ser y la finalidad natural del sexo: la procreación en el matrimonio legítimo. Si esto tan obvio se pierde de vista no se entiende nada de moral sexual; o, si algo se entiende, no se entiende su fundamento.

Precisamente porque la finalidad del sexo es cooperar en la creación (acto divino) de nuevas vidas humanas, que son imágenes de Dios, la sexualidad es una realidad nobilísima, dignísima, que debe tratarse con sumo respeto y máxima delicadeza.

Maltratarla, usarla para propósitos ajenos a su natural finalidad, es algo siempre grave; espiritual y claramente hablando, constituye un “pecado mortal”. Hacer mal uso de la facultad de comer — la gula — puede llegar a ser pecado mortal, pero no siempre lo es. En cambio, hacer mal uso de la facultad de engendrar (imágenes de Dios, que eso somos los humanos) es siempre una monstruosidad.

Por eso, exponer el cuerpo de tal modo que fácilmente despierte deseos de utilizar el sexo al margen de su finalidad natural, es una acción moralmente grave. Por esta razón, las faltas de pudor pueden serlo. No lo son porque el sexo sea algo vergonzoso, al revés, lo son porque es una de las facultades más nobles y dignas del ser humano tal como Dios lo ha creado, hombre o mujer.

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