Pureza, humildad, sinceridad

  • Durante siglos la Iglesia Católica ha enseñado a generaciones de cristianos a vivir esta virtud de la Pureza con coherencia (con heroísmo si es preciso) en ambientes sociales muy adversos: desde el paganismo del imperio romano al paganismo de nuestros dias.
  • La Iglesia ha canonizado a muchos jóvenes que han muerto por defender y vivir esta virtud.
  • Conviene resaltar estas ideas previas:
    La Santa Pureza es un don, una gracia, que Dios concede a los que se la piden con humildad.

    El joven cristiano que desee vivir esta virtud debe luchar por ser humilde: Dios concede el don de la Santa Pureza a los jóvenes que lo piden con humildad.

    Y ha de luchar por ser sincero: con Dios (reconociendo el pecado); consigo mismo (reconociéndose pecadore); y con los demás (pidiendo ayuda, consejo y estímulo para alcanzar esta virtud).

    En estos momentos —aunque parezca paradójico en una sociedad que ha perdido el sentido del pudor— a la gran mayoría de los jóvenes cristianos sigue costándoles, como ha sucedido a lo largo de los siglos,, la virtud de la sinceridad, virtud-llave para vivir la castidad.

  • Una tarea evangelizadora urgente consiste en ayudar a vivir la virtud de la sinceridad en todo lo relativo a esta virtud.

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