Posibles conclusiones

  • Sería equivocado hablar de forma impura al intentar enseñar la virtud de la pureza.
  • Se puede enseñar a vivir esta virtud hablando con claridad, pero sin caer en lo morboso.
  • Por esta razón, los padres y educadores cristianos siempre han tenido en cuenta que existen aspectos en la educación de esta virtud que, por su misma naturaleza, no se deben tratar en público, de modo indiscriminado con varias personas:

    — porque esos aspectos forman parte de la intimidad de la persona, de cada persona.

    — porque no es prudente que esos aspectos sean conocidos por jóvenes no hayan alcanzado cierta madurez.

    — porque se puede estimular, imprudentemente, una curiosidad malsana.

  • El hecho de que el lenguaje actual sea más explícito en estos temas y que las conductas inmorales estén más difundidas, deben llevar a los padres y educadores a actuar con un profundo sentido del equilibrio, que conjugue la claridad con la delicadeza; el sentido común con la visión sobrenatural.
  • El enfoque debe ser genuinamente cristiano; es decir: positivo, esperanzado, animante y limpio. No tendría sentido caer en la casuística; en la amenaza o el derrotismo. Siguiendo la tradición de la Iglesia, al tratar de cuestiones relacionadas con la castidad, conviene no detenerse más de lo imprescindible en la descripción de conductas pecaminosas.
  • Hablar en presencia de la Virgen. A los padres y educadores cristianos puede servirles recordar que la Madre de Dios es Madre del Amor Hermoso. Si recurren a la Virgen y hablan de estos temas en su presencia, Santa María les ayudará a encontrar la expresión adecuada, clara, delicada y precisa.
  • Puede ser un buen punto de partida para algunos padres y educadores la lectura del Vademecum para los confesores sobre moral conyugal (12-II-1997), del Consejo Pontificio para la Familia.

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