Pío XII


“Sería un bien harto menor el saciar el hambre de los cuerpos, sin volver el espíritu hacia Cristo y hacia sus mandamientos, dejando las almas en ayunas del pan sustancial de la verdad y de las eternas promesas.

Quien remediase las necesidades materiales, tan sólo para tranquilizar el innato sentimiento de la compasión, no realizaría sino una obra puramente humana.

El cristiano va y debe ir mucho más lejos; debe él sentir aquella más alta piedad que tan sólo descansa dando a Dios a las almas (Discurso, 27–IV–1952; AAS 44 (1952), pp. 471–472)

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