III. Examen por parte de la Congregación

La última sesión del Tribunal tuvo lugar en Roma el 8 de noviembre de 1986. Emanado el decreto sobre la validez del proceso el 3 de abril de 1987, fue designado Relator el Revmo. P. Ambrosio Eszer, dominico. Inmediatamente, un grupo de especialistas en Teología, Derecho Canónico e Historia de la Iglesia, con la colaboración de especialistas en informática, se dedicó a elaborar la Positio supervirtutibus y la exposición sistemática de las conclusiones del proceso.

En la presentación acostumbrada, el Relator de la Congregación afirmaba:

Hemos llegado a la fundada persuasión de la Positio es completa: eventuales estudios suplementarios que se pudieran hacer no enriquecerían significativamente el juicio que pueden emitir los Reverendos Consultores tras el estudio del material que se presenta para una valoración segura del ejercicio heroico de las virtudes por parte del Siervo de Dios“.

La Positio fue entregada a la Coneregación en junio de 1988, y ésta la confió a los Consultores teólogos para su estudio, en el mes de marzo de 1989. Tal espacio de tiempo no constituye una excepción, sobre todo si se tiene presente que la causa disponía ya de dos procesos acerca de presuntos milagros. Seis meses más tarde, el 19 de septiembre de 1989, se celebró el Congreso peculiar de los consultores, presidido por el Promotor General de la Fe. Los Consultores teólogos, tal como establece el Reglamento, habían sido designados por el Secretario del Dicasterio de acuerdo con el Promotor de la Fe, oído también -por la importancia de la Causa­‑ el Cardenal Prefecto. La Congregación tenía que preocuparse de asegurar un juicio objetivo e imparcial, no contaminado por consideraciones extrañas a la misma Causa, por respeto debido a las propias funciones, por la transparencia de la Causa, y por justicia con los Actores. Dos consultores han expresado un parecer suspensivo. Sus argumentaciones fueron examinadas por el Relator, y expuso sus aclaraciones de un modo amplio y exhaustivo. Según una deliberación de la Congregación de la Causa de los Santos, tomada en el Congreso de 1986, uno de los dos votos suspensivos no se ha publicado porque su autor participó en la discusión de los Consultores.

He aquí algunos juicios de los otros Consultore teólogos:

– “Considero providencial que la Causa de este Siervo de Dios llegue a su término en un tiempo excepcionalmente rápido, a menos de 15 años de su muerte, porque en vista de los graves fenómenos que estamos contemplando dolorosamente, se alza esta figura de apostolado intrépido y fidelísimo a la Iglesia. He visto deshacerse como la nieve al sol todas las dificultades que entreveía en un principio, y que podían suscitar alguna perplejidad“;

– “se queda uno admirado ante la figura rica en facetas y gigantesca del Siervo de Dios y surge espontáneamente una acto de agradecimiento a la Providencia por haber reservado, para este siglo que ahora termina, la presencia de un sacerdote y Fundador que encarnase plenamente una de las enseñanzas fundamentales del Vaticano II: la vocación universal a la santidad, de la cual él mismo fue un apóstol y un ejemplo incomparable“;

– “es oportuna (esta Beatificación) por el bien que supondrá para la Iglesia el hecho de proponer una figura como la del Siervo de Dios, que ha difundido en la Iglesia un mensaje de santificación en medio de las realidades cotidianas, precisamente para las personas corrientes: en una sociedad secularizada como la nuestra, desde un punto de vista pastoral, el mensaje acerca del valor del trabajo, camino de santidad cuando se realiza unido a Cristo, parece no sólo oportuno, sino necesario“.

Otro consultor, después de haberse detenido “sobre la utilidad e interés de la Iglesia universal por su oportuna glorificación“, concluye: “(Estamos ante la Causa) de un contemporáneo nuestro que tiene un especial interés porque, además de contar ya con los procesos sobre los milagros, hace resaltar la presencia de una santidad heroica en todos los países y entre las diversas categorías de personas“.

Y otro: “Creo que el Siervo de Dios es un gran don hecho por Dios a la Iglesia de nuestro tiempo (…). Veo en él un gran maestro de vida espiritual, no sólo para los laicos, para los que es un apóstol de la vocación universal a la santidad, sino también para el clero y los religiosos de esta época más bien crítica de la vida de la Iglesia“.

La Congregación Ordinaria de Cardenales y de Obispos en la sesión del 20 de marzo de 1990 se pronunció por unanimidad sobre la heroicidad de las virtudes.

En cuanto al tiempo, relativamente breve, en el que se ha llegado a la discusión sobre la heroicidad de las virtudes, se ha de subrayar que la normativa actualmente vigente no establece ningún plazo entre la muerte del Siervo de Dios y dicha discusión, mientras que la regulación precedente preveía que hubiesen transcurrido, por lo menos, 50 años. Pero, también con la disciplina precedente fueron concedidas dispensas: así, Sta. Francisca Javiera Cabrini fue beatificada 21 años después de su muerte, y la beatificación de Sta. Teresa del Niño Jesús tuvo lugar 25 años después de su fallecimiento.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *