Dios nos llama uno a uno


  • Dios no nos ha elegido a granel, sino de un modo personalizado: desea que seamos todos santos –felices en esta tierra y en el Cielo, unidos a la Cruz de Cristo- recorriendo el camino irrepetible de cada uno.

  • La vocación, por tanto, es al mismo tiempo comunitaria (todos tenemos vocación) y personal (yo tengo mi vocación, una vocación singular).

    Tras la guerra civil española (1936-1939) san Josemaría fue a predicar un retiro a Burjasot (Valencia) a un colegio que habían ocupado las tropas y encontró un cartel de propaganda militar de uno de los bandos con esta frase: “Cada caminante, siga su camino“. No quiso que quitaran el cartel y durante el retiro estuvo comentando, con sentido sobrenatural, este lema: cada uno debe seguir el camino por el que le llama Dios.

    A. Méndiz ,“Cada caminante siga su camino”. Historia y significado de un lema poético en la vida del fundador del Opus Dei, en Cuadernos del “Centro de Documentación y estudios Josemaría Escrivá de Balaguer”. Número IV. Año 2000.

  • No hay ninguna existencia dejada al azar, olvidada o sometida a un destino ciego.

  • Todos —bautizados o no— somos enviados por Dios. Todos tenemos una misión específica en la tarea de la Corredención.

    Cada persona es un misterio único de amor y de vocación:

    “¿Para qué estamos en el mundo? Para amar a Dios, con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma, y para extender ese amor a todas las criaturas. ¿O es que esto parece poco? Dios no deja a ningún alma abandonada a un destino ciego: para todas tiene un designio, a todas las llama con una vocación personalísima, intransferible.” San Josemaría. Conversaciones, n. 106.

“Todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío” (Catecismo de la Iglesia Católica, 864).

  • Dios propone un plan a cada hombre, pero no se lo impone: la libertad del hombre, al aceptar el plan divino, se conjuga misteriosamente con la gracia de Dios. De ese modo, el hombre acaba fortaleciendo y configurando su propia vocación:

“Hermanos, poned el mayor esmero en fortalecer vuestra vocación y elección” (2 Pedro, 1.10).

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