Cristo nos enseñó a rezar y nos aconsejó que acudiéramos con frecuencia a nuestro Padre Dios.

Debemos orar siguiendo el ejemplo de Jesucristo (cfr. Catecismo, 2600 y 2605). que pasaba muchos ratos dedicado exclusivamente a la oración. (Lc 6,12).

Vamos a la oración para amar, para pedir, para contemplar:

Para pedir: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y todo el que busca, encuentra; y al que llama se le abrirá”. “Sin la oración de Esteban -recuerda san Agustín– la Iglesia no tendría a Pablo”. (Sermón 382)

Para contemplar: “La contemplación -afirma el Catecismo de la Iglesia Católica- es la expresión más sencilla del misterio de la oración. Es un don, una gracia (…). Es comunión: en ella la Santísima Trinidad conforma al hombre, imagen de Dios, a su semejanza”.

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