3. ¿Siempre se ha hecho de este modo la oración en la Iglesia?

  • Sí. El mejor ejemplo para la oración de cristiano es la oración de la Virgen María

  • El Catecismo (2617-19) enseña como la Virgen cooperó con su oración, de manera única, en la salvación de los hombres:
  • En la Anunciación, para la concepción de Cristo.

  • En el Magníficat, que fue un canto de alabanza a Dios.

  • En las Bodas de Caná, para pedir el primer milagro.

  • En Pentecostés, para la formación de la Iglesia

En el Calvario, junto al patíbulo, reza. No es una actitud nueva de María. Así se ha conducido siempre, cumpliendo sus deberes, ocupándose de su hogar. Mientras estaba en las cosas de la tierra, permanecía pendiente de Dios. Cristo, perfectus Deus, perfectus homo (Símbolo Quicumque), quiso que también su Madre, la criatura más excelsa, la llena de gracia, nos confirmase en ese afán de elevar siempre la mirada al amor divino.

Recordad la escena de la Anunciación: baja el Arcángel, para comunicar la divina embajada –el anuncio de que sería Madre de Dios–, y la encuentra retirada en oración. María está enteramente recogida en el Señor, cuando San Gabriel la saluda: Dios te salve, ¡oh llena de gracia!, el Señor es contigo (Lc I, 28.).

Días después rompe en la alegría del Magnificat –ese canto mariano, que nos ha transmitido el Espíritu Santo por la delicada fidelidad de San Lucas–, fruto del trato habitual de la Virgen Santísima con Dios. (Amigos de Dios, 241)

La oración de los Apóstoles


  • Cuentan los Hechos de los Apóstoles que los Apóstoles Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la hora nona. (Hechos, III.1)
    • San Pedro recibió la indicación de predicar el Evangelio a los gentiles mientras estaba haciendo oración en la azotea de la casa de Simón el curtidor, en Joppe. (Hechos, 19, 9)
    • San Pablo se pasó una noche entera rezando en la cárcel de Filipos.

La oración de los Primeros Cristianos


  • Los primeros cristianos perseveraban en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en la oración. (Hechos, 2, 42)
  • Escribe san Agustín: “Sin la oración de Esteban, la Iglesia no tendría a Pablo” (Sermón 382)

Los Padres y santos de la Iglesia de los primeros siglos


  • San Cripriano (obispo y mártir, 200-258): “El que ora, hermanos muy amados, no debe igmorar como oraron el fariseo y el publicano en el templo.

    Éste último, sin atreverse a levantar sus ojos al cielo, sin osar levantar sus manos, tanta era su humildad, se daba golpes de pecho y confesaba los pecados ocultos en su interior, implorando el auxilio de la divina misericordia, mientras que el fariseo oraba satisfecho de si mismo; y fue justicado el publicano, porque el orar no puso la esperanza de la salvación en la convicción de su propia inocencia, ya que nadie es inocente, sino que oró confesando humildemente sus pecados y Aquel que perdona a los humildes escuchó su oración”

    (Sobre la oración del Señor).

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