¿En qué se distingue la vocación al Opus Dei de la vocación cristiana?



Se entiende así que, en cada uno de nosotros, en cada persona concreta, aunque conceptualmente cabe distinguir entre vocación cristiana y vocación a la Obra, realmente la vocación cristiana y la vocación a la Obra se identifican en la persona: estamos llamados por Dios a ser cristianos siendo Opus Dei. San Josemaría solía poner el ejemplo del «farol encendido» para marcar la difícil diferencia entre un cristiano que pertenece o no pertenece a la Obra. Solía explicarlo así: «¿Tú has visto un farol encendido? ¿Y otro sin encender? Son iguales, pero uno tiene luz y el otro no. Pues el farol encendido, ése es del Opus Dei. ¿Está claro? De modo que un cristiano es igual a otro cristiano, pero si se le enciende una luz dentro… y responde, y no la apaga, ése es del Opus Dei. Ésa es la diferencia: que da luz, que da calor, que atrae» (Palabras en una reunión en Brasil, el 26-V-1974, cit en o.c., cit. p. 173ss).

Brevemente podríamos resumirlo así:

a) Todo cristiano es un «farol», apto para dar luz;

b) Hace falta una acción (gracia) que la impulse, que «encienda el farol». La Obra es “un cauce”, no “el” cauce para tener esa luz y alumbrar el ambiente;

c) La luz que se enciende en el Opus Dei es una luz que lleva a brillar sin dejar de ser «un farol corriente».

La Obra es su lugar en la Iglesia una y única. Cada uno, personalmente, no tiene dos vocaciones –la vocación cristiana y la vocación a la Obra–, sino una única vocación, que es la vocación de cristiano corriente vivida en plenitud según el espíritu, la dedicación, los modos apostólicos, etc., queridos por Dios para la Obra. Es una vocación que no llama sólo para «hacer algo», sino más bien para «ser algo»; un modo, entre los muchos que existen, de «ser Iglesia».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *