¡SI YO NO LA HE TOCADO!

Por lo demás, es preciso también recordar lo que dijo en cierta ocasión el Señor: El que mira a una mujer deseándola, ha cometido ya adulterio con ella en su corazón. En la mirada está ya el adulterio, sin que aparentemente haya pasado nada. Incluso uno puede pensar: ¡si yo no he hecho nada!¡Si ni siquiera la he tocado!¡yo no hago mal a nadie!

Pero, ¿tú — ¡tú! — no eres nadie? Tú has adulterado, tú te has corrompido al mirar de mala manera a esa mujer, es decir, al desear hacer con ella lo que es lujuria en ti e injusticia con su marido o su novio (reales o posibles) y, ante todo, con Dios. ¿O crees que los pecados lo son sólo porque Dios prohibe? No, Dios prohibe porque es pecado, y es pecado porque hace daño a la persona que eres tú, porque tú te corrompes por dentro sin darte cuenta, que es peor.

¿Y Dios, no es nadie? ¿No es una ofensa a Dios lo que El ha dicho que le ofende?

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