Una solicitud que no se acaba nunca

Esa solicitud de los padres cristianos por sus hijos no se acaba nunca: porque no se conforman con preparar el camino de sus hijos hacia la santidad; intentan ayudarlos decisivamente a recorrer su camino. Esto es lo que hace que no se pueda escribir, por ejemplo, la historia de Agustín sin referirnos a su madre Mónica.

Evoca éste en sus Confesiones:

Es que tu mano, Dios mío, en el secreto de tu providencia, no abandonaba mi alma. Es que, día y noche, mi madre te ofrecía en sacrificio por mí la sangre de su corazón y las lágrimas de sus ojos” (Conf., V, 10-13). Las últimas palabras de Mónica antes de morir sintetizan admirablemente la tarea esencial de todo padre cristiano: “no veo que tenga que hacer más -dijo-, ni por qué he de vivir aquí; se desvaneció ya la esperanza de este mundo. Sólo una cosa me hacía desear la vida todavía algún tiempo aquí abajo. Deseaba antes de morir verte cristiano católico. Dios me la concedió con creces. Veo que menosprecias las alegrías terrenales para ser su siervo. ¿Qué hago yo aquí? (Conf, IX, 26).

Los consejos de los padres -cuando nacen del amor a Dios- ayudan firmemente a la perseverancia de sus hijos. Cuando el joven Boschetto -el futuro san Juan Bosco- le comentó a su madre su idea de entregarse a Dios (pensaba entonces hacerse franciscano), ésta le dijo unas palabras que se quedaron grabadas a fuego en su corazón: “Óyeme bien, Juan. Te aconsejo muy mucho que examines el paso que vas a dar y que, después, sigas tu vocación sin preocuparte en absoluto de nadie. Pon, por delante de todo, la salvación de tu alma. El párroco me pedía que te disuadiese de esta decisión, teniendo en cuenta la necesidad que de ti pudiera tener en el porvenir; pero yo te digo: en asunto así no entro, porque está Dios por encima de todo. No tienes por qué preocuparte de mí. Nada quiero de ti, nada espero de ti. Tenlo siempre presente: nací pobre, he vivido pobre y quiero morir pobre. Más aún, te lo aseguro: si te decidieras por el clero secular y, por desgracia, llegaras a ser rico, ni una vez pondría los pies en tu casa. No lo olvides”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *