Tengo la sensación de que hablo otro idioma…

El apóstol debe poner los medios para hablar el idioma de sus amigos. Escribía san Josemaría en Surco 203:

No llegas a la gente, porque hablas un “idioma” distinto. Te aconsejo la naturalidad.

¡Esa formación tuya tan artificial!

Un quioskero de Buenos Aires
Durante la estancia de san Josemaría en Argentina, Luís Lozano, un quiosquero de Buenos Aires, le estuvo hablando, con marcado acento porteño, de los avatares de su vida: había llevado una vida dura, de muchacho sin recursos en un barrio humilde de los arrabales de la capital argentina.

Las dificultades le habían ido curtiendo como el estaño, y ahora quería acercar a Dios a todos los de su barrio, pero no sabía bien como expresarse…
-Padre, yo me crié en la calle, con los muchachos de la esquina, en la barra del café. Me convertí a los veinticinco años. Soy de los que dicen que tienen estaño…Y he aprendido a querer a Nuestro Señor con este corazón que tenemos, este corazón de barrio; y a veces tengo miedo de que, como también tengo un idioma de calle, no sepa expresarme, avisarle al mundo de la felicidad que se están perdiendo al no querer al Señor…
-¡Habla con sinceridad con ese idioma, porque te entienden! –le dijo san Josemaría, alentándole-.

Tú tienes, de verdad, el léxico mejor para ayudar a que las almas lleguen a amar a Jesucristo. ¡Háblales con tu lengua, que es una lengua buena! Si se te escapa alguna palabra fuerte, mientras no sea ofensa a Dios… ¡déjala que se escape!

Pero sé sincero, noblote como eres… ¡valiente¡ : ¡un hombre que confiesa su fe, así, delante de estos miles de personas, no puede preocuparse por un taco más o menos!

¡Hala! ¡Adelante!

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