Se puede ser un buen “hincha” y defender los colores del equipo deportivamente, sin necesidad de insultar o de perder la buena educación o el respeto al contrincante.


  • El uso del vestido adecuado. La elección del vestido y el pudor en el vestir denotan respeto y consideración hacia los demás: hay que aprender a vestir según las situaciones.
  • Lo importante, en general, no son las prendas en sí, sino lo que esa prenda significa.
    • Es una falta de respeto con Dios acudir a la Misa dominical vestido del mismo modo con el que se va a la playa o a hacer deporte: con un chandal o un pantalón bañador. El uso de esa prenda puede significar falta de respeto a la Misa: no se iría vestido así a cualquier acto social importante.
    • No se trata de llevar o no llevar una determinada prenda de ropa, sino de llevar la prenda adecuada en cada caso, como manifestación de respeto a los demás.

      Por ejemplo, en Europa se considera una falta de educación, de desprecio a los demás ir sin corbata a un acto académico solemne, a una recepción social de altura.

      Y sin embargo, en algunos países asiáticos, que rechazan culturalmente esa prenda, sería una falta de educación ir con corbata a esas mismas recepciones.

  • Las normas de urbanidad en la comida, en el deporte, en el trato, etc., son manifestación de caridad y de respeto.
    • Dejar pasar primero a los mayores, abrirles las puertas, etc.
    • No intervenir en las conversaciones ajenas sin permiso.
    • No cortar una conversación de forma abrupta: “esto es así y ya no hablo más”.
    • No alzar la voz a nadie.
    • Saludar y despedirse, con los modos adecuados en cada caso.
    • Tratar a cada persona con amabilidad y corrección, valorando y respetando su trabajo (conductor de autobús o guagua, limpieza vial, etc.) y facilitándoselo.
    • No empezar a comer hasta que no se hayan servido los demás es un detalle de delicadeza y corrección.
    • Atender a las personas mientras hablan…
    • Evitar cualquier tipo de arrogancia: “No sabe usted con quien está hablando”.
    • Saber disentir de forma amable.
    • Saber dar las gracias. Cristo valoraba mucho el agradecimiento:

      Evangelio de San Lucas: [11] Y sucedió que, yendo de camino a Jerusalén, atravesaba los confines de Samaria y Galilea; [12] y, cuando iba a entrar en un pueblo, le salieron al paso diez leprosos, que se detuvieron a distancia [13] y le dijeron gritando: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. [14]

      Al verlos, les dijo: Id y presentaos a los sacerdotes. Y sucedió que mientras iban, quedaron limpios. [15] Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a gritos, [16] y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era samaritano. [17]

      Ante lo cual dijo Jesús: ¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve ¿dónde están? [18] ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino sólo este extranjero? [19]

      Y le dijo: Levántate y vete; tu fe te ha salvado.

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