Reducir la vida cristiana a un conjunto de cumplimientos sin espíritu

Reducir la vida cristiana –que es el seguimiento y la identificación con la Persona de Cristo- a un conjunto de cumplimientos sin espíritu; a la simple observancia de unos códigos externos de conducta; al cumplimiento de unas tradiciones, costumbres, criterios y disposiciones del Magisterio, etc.

Esa visión confunde la vida cristiana con un mero acatamiento voluntarista, que tiende a concebir la identificación con Cristo como un logro personal: considera la santidad como la coronación de una meta, a la que se accede tras superar dificultades cada vez más arduas.

Y la santidad -conviene recordarlo- no es “el simple resultado” del esfuerzo personal: la regala Dios con la Gracia, a la persona humilde que deja obrar en su alma al Espíritu Santo.

El voluntarismo acaba llevando al desaliento y a la pérdida de la confianza en Dios, y se olvida este principio que señala San Bernardo en sus Sermones sobre el Cantar de los Cantares. 61, que, no seré pobre en méritos, mientras El no lo sea en misericordia.

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