Por lo que se refiere al tono

— ¿Uso el tono adecuado para comunicar el mensaje Evangélico?

— ¿Me sitúo a veces en posturas de superioridad que humillan al que no sabe? ¿Provoco, con esa arrogancia, reacciones de rebeldía en los jóvenes?

— ¿Tengo siempre presente que “la verdad se propone, no se impone”, como recordaba Juan Pablo II?

— ¿Uso giros dogmáticos, que producen rechazo? (Mira chico, déjate de historias, tú lo que tienes que hacer es...)

— ¿Descalifico con malos modos a las personas equivocadas?

— ¿Recurro constantemente a argumentos de autoridad (del tipo: mira, hijo mío, esto es así…¡porque lo dice el Papa! y no le des más vueltas) sin poner medios para dar razones y explicar el sentido del Magisterio de la Iglesia?

¿Suelo preguntar: “Y tú, ¿qué piensas de esto?”, “¿por qué no reflexionas sobre este asunto, y luego me dices?

— ¿Me esfuerzo para que la formación cristiana que doy lleve a los jóvenes a un encuentro paulatino con Cristo, lleno de descubrimientos propios?

— ¿Castigo la sinceridad, como esos profesores que aguarda a que sus alumnos les cuenten la verdad que les pregunta para descargar sus iras sobre ellos?

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