Por lo que se refiere al modo de corregir las equivocaciones

— ¿Sé corregir sin reñir, de modo que los hijos, los alumnos, etc., no se inhiban, ni dejen de actuar por temor a equivocarse?

— ¿Evito al máximo las reprensiones cuando no son necesarias?

— Cuándo me veo obligado a hacer una corrección a una persona joven -un hijo, un alumno, etc.-, ¿esa reprensión es fruto de mi oración? ¿La hago con serenidad? ¿La persona que la recibe se queda animada? ¿Procuro curar las heridas sin dejar cicatrices?

— ¿Me dejo llevar por impulsos humanos (“este hijo mío se va a enterar”)?

— ¿Sé conjugar la exigencia con la cordialidad, con el buen humor, con la simpatía?

— ¿Evito las simpatías y las antipatías, los personalismos?

— ¿Hago manifestaciones externas de desaliento en mi tarea formativa (hijo mío, ya no sé qué hacer contigo, eres un desastre)?

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