Por lo que se refiere al facilitamiento de la sinceridad

— ¿Doy consejos a los jóvenes acerca de la vida cristiana en frío, sin procurar encender antes sus almas en amor a Dios?

— ¿Mi forma de hablar facilita la sinceridad? ¿Suelo pedir permiso, con delicadeza (“Perdóname, me gustaría sugerirte…”) o utilizo fórmulas autoritarias y categorícas?

— ¿Uso la ironía, o hago esas bromas irónicas que crean tantas distancias entre los jóvenes y sus padres y educadores?

— Cuando hablo con los jóvenes de vida cristiana, ¿se sienten comprendidos, animados, alentados?

— ¿Se dar muestras patentes y sinceras de confianza, o tiendo a pensar: éste me está engañando; yo ya me las sé todas?

— ¿Pongo interiormente etiquetas simplistas, o trato a los jóvenes como simples casos? (Este hijo mío es un caso…)

— ¿Expongo el mensaje cristiano con franqueza, o sigo procedimientos tan tácticos como artificiosos?

— ¿Transmito la verdadera esperanza cristiana? ¿Ayudo a esos jóvenes que no saben qué hacer con sus miserias, para que se sirvan de ellas para amar más a Dios?

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